6. El Chamán de la Familia.-
Un día como todos, camina por los pasillos de aquella casa con nombre de árbol una mujer cual fantasma en bata sin ánimo ni ilusión tocando una campana. Si alguien se hubiera topado con ella hubiera pensado en “la llorona”.
Dos horas después con maquillaje y disfraz, aquella mujer sin ánima era una respetada catedrática de la Universidad del Desierto. Nadie adivinaría que su obligación de cada mañana era despertar a quienes vivían con ella. Nadie adivinaría que no lo hacía por amor. Lo hacía porque se lo dijeron. Y eso era razón suficiente.
Ese día la campana sonó mucho después que Graciela despertó. El sol y la campana de la llorona la encontraron despierta, recostada sobre la tabla en la que dormía, ansiosa, con un drama gigante de conciencia porque no sabía si aquella sensación era un simple sueño o debería confesarse. Podía reproducir (y reproducía) en su cuerpo aquella explosión de calor y gozo en su bajo vientre y con la respiración agitada podía entender que todo su ser latía al compás de su corazón.
Nadie le había dicho que eso era un orgasmo. Y si se lo hubieran dicho, no habría entendido nada. Esa palabra no existía en su diccionario. Pero sin saber y sin querer, pensaba en Manuel y sospechaba que ese sueño tenía que ver con él.
Decidió perdonárselo porque era un simple sueño. Aunque esa mañana se confesó de tener “sueños extraños” y de haber oído algunas de las supersticiones de su madre.
Quien no entiende lo que es el opus, podría pensar que estas historias de numerarias no tienen relación con la realidad, pero la tiene. El opus está lleno de historias de hombres y mujeres que no saben lo que es un orgasmo y que no saben diferenciar el placer sexual de las ganar de hacer pis.
Graciela era una de esas personas, igual que su confesor y su directora. El cura quiso saber cada detalle del sueño quizá para entender si había o no pecado, quizá para robarse alguna fantasía a falta de las suyas propias. Como fuera, nuestra amiga se vio obligada a recordar cada detalle de un sueño que no olvidaría nunca, hasta el día aquel.
La mañana anterior el chino “Sagitario”, el brujo o chamán de la familia había ido a visitar a Alicia y luego del ceviche tradicional, le dijo “Alicita, he tenido una visión, tu Chelita se va de Piura para ser feliz”. Luego fumó un puro y al leer las cenizas y el humo quedó confirmado el viaje y la felicidad de la única hija de Andrea Solovic, quien pudo haber muerto sin conocerla.
La pobre madre creía ciegamente en el vidente (que era el único que sabía el origen de la niña, porque lo vio en sueños) y oír que iba a ser feliz le fascinaba, pero en su entender ese viaje tendría que ser fuera del opus. Porque desde que su hija estaba en el opus no la volvió a ver feliz. Y una madre sabe eso.
Así que la llamó y le dijo: “Chelita, dice Sagitario que te vas a salir del opus”. La reacción de Graciela fue violenta. Increpó a su madre su espantosa afición a la brujería que además era un pecado horrible del que ella se avergonzaba. Le dijo que no podía ser feliz teniendo una familia anormal que no sólo no se confesaba sino que recibía en su casa y a plena luz del día a un chamán. Colgó el teléfono. Y se metió a rezar.
Sin embargo la idea no le desagradaba: “salir y ser feliz”. Quién podría ahora culparla por el sueño que tuvo aquella noche y que se repitió en su imaginación cada noche de su vida hasta el día aquél.