Cuerpos Ajenos… (1)
Tengo este extraño don que me hace cansar tanto, y todavía no sé controlarlo, aunque a veces no lo deseo.
Ayer por la tarde fui a terminar con las compras navideñas. Solía gustarme la Navidad, pero ahora con tanto niño en la familia, se vuelve un poco pesado, porque hay que comprar regalos para todos y pensar en si les gustará o si será una inútil pérdida de tiempo. Como hacer cola por un café que podría tomar con más paz y delicia en casa… como hacer cola para comer una minúscula porción de algo que ni sé pronunciar… en fin, se hace porque toca… y se ve bien…
En esas cavilaciones me distraía de las miradas de los demás, cuando mi coche del supermercado chocó con el de esta mujer… esta vez un fuerte hincón en la oreja izquierda, justo entre el lóbulo y el final del cráneo, me advirtió que esto no era casualidad. Traté de no le prestarle atención, eso hago, por ejemplo, cuando siento ganas de vomitar, y me digo que si no le hago caso se me pasará solo… no se me pasa… este hincón tampoco… fui arrastrada sin voluntad, sin deseo, y a punto de soltar un grito de horror y terror… como lllevada por un huracán poderoso, hasta sus ojos…
Todavía no sé controlar esto… ni describir la angustia desgarradadora que vivo en esos segundos de terror, cuando peleo entre la conciencia de estar empezando un nuevo episodio de esos de los que no le hablo a nadie, y la negación de que estas cosas ocurran, y me ocurran a mi, que no he probado una gota de licor, ni un maldito alucinógeno en mi puta vida… a veces en esos segundos intento recordar el olor de la marihuana que sentí al caminar por la noche en el parque de Barranco, y me digo que si yo conociera mejor el olor, el sabor, el color, a lo mejor no estaría siendo arrastrada y luchando inútilmente contra algo que ni sé qué es… y todas estas disquisiciones son adrede, para detener el tiempo y distraerme… hasta que llega el silencio…
Mi piel se tersó peligrosamente, me sentía estirada por todos lados, hasta en los más recónditos e impensables, me seetí abrazada por olores extraños de cremas, y perfumes que nisiquiera conozco. Mis orejas cargaban lentes de sol de marca cacharel con adornos atigrados, de esos que cuestan más de un sueldo mínimo vital, y se usan menos que un pañuelo, unos aretes de oro puro pesaban mis pobres y operados lóbulos. El espejo de la sección de maquillaje del super, me devolvió una delgadísima mujer rubia, de 60 años sin ser muy crueles, con deseos de tener 40, y casi el mismo número de operaciones estéticas en cada rincón del cuerpo, vestía un buzo de marca deportiva, y zapatillas exactas para la ocasión, pero no sé qué ocasión. El coche de supermercado estaba lleno de botellas y acaba de chocarlo contra el de una godita con mirada perdida que parecía buscar regalos baratos para parientes poco apreciados.
La incomodidad de la belleza artificial recorrió mis venas, y me vi, de pronto, al timón del mercedez benz de lujo que era mío, y que extrañamente no me apetecía disfrutar. Sólo pensando en “me las va a pagar” y con la extraña convicción que el golpe más bajo que esta vez le daría sería gastar todo lo que pueda de la tarjeta que tenía en el bolso… ¡mierda! ¡un bolso luis vuiton!… (lo confieso, esta vida tiene sus cosas positivas…)
Pero quizá no sea eso lo que le duela más… ahí es cuando pensé en Jorge…
Osho – El Corazón
A medida que te mueves hacia arriba, hacia el cuarto centro que es el del corazón, toda tu vida se convierte en un compartir amor. El tercer centro ha creado la abundancia de amor. Al llegar al tercer centro en la meditación, tienes tanta sobreabundancia de amor, de compasión, que quieres compartir. Esto sucede en el cuarto centro, en el corazón.
Es por esto que, incluso en el mundo ordinario, la gente piensa que el amor viene del corazón. Para ellos es simplemente algo que han escuchado; no lo conocen porque nunca ha llegado a su propio corazón. Sin embargo, el meditador llega finalmente al corazón. Cuando ha alcanzado el centro de su ser, el tercer centro, de repente una explosión de amor y comprensión, compasión y gozo y dicha y bendición surge en él con una fuerza tal que golpea el corazón y lo abre. El corazón está simplemente en medio de tus siete centros: tres centros por debajo, tres centros por arriba; has llegado exactamente a la mitad.
Osho The Search: Talks on the Ten Bulls of Zen Chapter2
Fuente: www.osho.com