Caja de Sueños

de Emevecita

Archivo para Julio 2007

Etiquetas y Anuncio

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Acabo de ver un anuncio de una web sobre los “pushovers”. Independientemente del significado exacto de la palabra en mi idioma, me hizo pensar en lo fácil que es etiquetar a la gente: esta es de las fáciles, este es de los que no mata ni una mosca, esta es de las de misa diaria… etiquetas.

 

Hace pocos meses una persona muy querida y que en otro tiempo fue muy cercana, me anunció, a través de un tercero, su embarazo. Lo primero en lo que pensé es en “cómo, si se acaba de divorciar” y al confirmarme que el padre no es el ex esposo, yo dije para mis adentros “pero si ella sabe cómo cuidarse, ¿por qué no lo evitó?”. Esos fueron mis primeros pensamientos, que luego fueron ahogados por la alegría que una nueva vida trae al hogar al que viene y la bendición que es un niño para su madre, sobretodo si es madre soltera.

 

Uno no puede evitar sus primeras reacciones, que son casi como un reflejo, como cuando te golpean la rodilla y la pierna se levanta sola. No pude evitar esos pensamientos, no estoy orgullosa de ellos, pero tampoco hago gran drama, soy humana y es en eso en lo primero que pensé. Y lo olvidé por completo.

 

Hoy, cuando me desvestía para entrar en la ducha, cuando mi pobre cuerpo sentía el fuerte contraste entre lo calientito de mis pijamas y lo helado del ambiente, de pronto, me acordé de estos pensamientos y entendí más que antes muchas cosas.

 

Se espera que una no salga embarazada sola, y si tienes cierta edad (por lo general más de 25), se espera que si no te has embarazado antes, no lo hagas, porque a esa edad debes saber cómo cuidarte, y si lo haces es porque quieres. Y entendí que eso mismo es lo que deben pensar la madre y parientes del padre de mi hijo.

 

Entiendo que eso piensen ellas, entiendo que eso lo piense todo San Fernando en Chile, entiendo que eso lo piense el mundo entero, pero no puedo entender que eso lo piense él. Y me da pena afirmar que puedo perdonar a todo el mundo, pero no puedo perdonarlo a él. Y no sólo no le perdono su mentira, su abandono, su falta de humanidad para querer a la sangre de su sangre, sino que no le perdono que sea tan poca cosa y que se haya dejado llevar por lo que le dicen a su alrededor.

 

Perdono a la madre que le dijo “a los 29 años, esa chica debe saber cómo cuidarse, si se ha embarazado es a propósito”, perdono a la hermana que le ha dicho “esa tipa te quiere sacar plata”, perdono a la amiga que le ha dicho “pídele ADN, a lo mejor ni tuyo es”. Pero el corazón no encuentra el camino del perdón para aquel que sabía por qué no me cuido, que sabía que no sé ni contar los días, que sabía que yo le rogué que se cuide él, que sabía que yo tenía miedo y me dijo que a un niño lo manda Dios y que confíe en él, que él me quería.

 

No quiero ser “de las que no perdonan”, no soy así. No quiero ser tampoco “la que no sabe cuidarse”, porque no es así. No quiero ser “la amargada”, porque tengo todo para ser feliz. Quiero encontrar el camino del perdón, ruego todos los días porque llegue el olvido, no del amor que ya no sé si sentí, sino de la herida profunda de la decepción y de la herida autoinflingida del remordimiento.

 

No, no me remuerde la conciencia por haber hecho el amor con alguien de quien me sentí enamorada y que decía que me amaba; no me remuerde la conciencia por haberme permitido un placer, no; la conciencia me reclama el mal gusto, el no haberme fijado bien en las señales que estaban tan visibles, el no haber sido más inteligente. Esa herida – en mi ya dañada autoestima- es la que duele más y la que no sé cómo curar.

 

Rezo porque un día de estos encuentre el camino de mi sanación, y si alguna etiqueta se me ha de poner, prefiero que sea “la de las que rezan por todo”. Una persona me dijo que ese era mi mayor defecto. Una persona con su vida hecha pedazos, que necesita mentirle a gente que sólo le ha extendido la mano con cariño, una persona que vive sola (a ti te digo, sigo rezando por ti, y si ese defecto mío va a hacer que yo no me parezca a ti, me alegro más. Yo no quiero estar lejos de los que amo, yo no quiero mentirle y herir a gente que me quiere, yo no quiero estar sola. ¿Por qué no rezas tú también?), pero yo no creo que sea cierto… y sigo rezando.

 

La otra etiqueta que se me ha de poner es “Emevecita es de las que toman vacaciones”, porque me voy 15 días. A mi regreso nos re- encontramos. Feliz verano para los del norte, abríguense mucho, mis hermanos del sur.

Escrito por emevecita

Julio 25, 2007 a 2:04 pm

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Las maravillas de la tecnología

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Una descubre cosas nuevas cada día, no hay duda. Quién iba a decir que yo, una ignorante total, iba a descubrir por qué los IP (así se llaman y sabrá Dios qué signifique eso) de los que hacen comentarios en mi blog salen en azulito. Aprendi a darle “click” y me di cuenta que así puedo descubrir en dónde están los que me escriben, no sólo por el mapa sino de manera individualizada. Es fabuloso.

Tengan cuidado que si descubro que me están mintiendo, los borro de mi lista… soy muy cuadriculada y eso de tolerar mentiras todavía no lo aprendo. Una queda marcada por ciertas mentiras, y desde la más grande mentira que sufrí cuando un cura del opus me dijo “tienes vocación” hasta la penúltima, cuando un hijueputa me dijo “yo nunca te voy a dejar sola con nuesro hijo, te amo”, cada vez me vuelvo más intolerante.

Bueno, la mala noticia es que al parecer en mi oficina ponen “firewalls” (que se los explique otro, yo con las justas me aprendí el nombrecito) y no puedo entrar a youtube a buscar un valsecito para ponerlo aquí. Será para otro día. Mientras tanto sigo aprendiendo sobre las maravillas tecnológicas al alcance de mujeres con poco interés en aprenderlas y riéndome de lo ridículo que es mentir, porque al final la verdad siempre se sabe.

Escrito por emevecita

Julio 19, 2007 a 1:37 pm

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Fiestas Patrias

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Caminando por el parque de Miraflores, que curiosamente no lleva el nombre de ningún miraflorino ilustre (¿no pudo llamarse Ricardo Palma en lugar de Kennedy?), me golpearon la mirada cuatro banderas rojiblancas a cada lado flameando en el aire húmedo de mi querido distrito. Vaya -pensé- ya estamos en julio.

Si te pones a observar, en julio es normal ver a los transeúntes con escarapelas bicolores (rojo y blanco) en el lado izquierdo de la solapa. Yo era uno de ellos, mostrando al mundo entero lo orgullosa que me sentía de ser peruanísima y llevar ese distintivo. Y de cantar el himno y “caricias del recuerdo del ayer que el viento nos regala al resongar, veo la saya y el manto por doquier, de un abanico escucho el murmurar, la flor de esta Lima virreinal es la limeña de ingenio al hablar, de traviesa mirada, de fino corpiño y garbo al caminar”, y de ser limeña, claro está.

Las casas con banderas por mandato legal y bajo pena de multa, los más fanáticos con banderas en sus carros van por las calles quebrantando leyes de tráfico que a lo mejor ni saben que existen, pero con su bandera en la antena y su escarapela en el pecho. Viva el Perú, carajo.

Y viva el Perú carajo ahora que Macchu Picchu es una de las siete maravillas, pero no podemos recibir turistas porque los peruanísimos cuzqueños, abancainos y puneños están en huelga reclamando Dios sabe qué, y digo que lo debe de saber Dios porque los huelguistas sólo saben lo que sus dirigentes les dicen.

Dirigentes con escarapela bicolor en el lado del corazón, y bandera rojiblanca presidiendo sus casas. Ellos aman el Perú retrasando su desarrollo y manejando personas como a manadas. Cada quien es responsable de su forma de amar. Pero durante la dictadura de Fujimori su amor profundo tuvo precio, se lo pagaron y nos libramos de huelgas y bochinches ridículos y el Perú avanzó. Ese gobierno demostró al mundo y a los peruanos que nadie tiene valores y todos los amores tienen precio. Y se lo creyeron.

Este mes de julio no uso escarapela, no he comprado una bandera y no me la paso oyendo valsecitos. Este mes de julio me ha agarrado preocupada por el futuro de mi patria, por el futuro de mi hijo en este país lleno de gente dócil que sigue a un líder que no sabe ni lo que quiere. Este mes de julio me ha pillado deseando de corazón ser una de los miles de peruanos que todos los julios cantan valcesitos, usan escarapelas, comen ceviche… pero fuera del Perú, en lugares donde el que trabaja en serio puede vivir tranquilo.

Viva el Perú, carajo y feliz veintiocho a todos los peruanos.

Escrito por emevecita

Julio 18, 2007 a 1:55 pm

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