Caja de Sueños

de Emevecita

Archivo para Septiembre 2007

Pensativo

sin comentarios

 

 

  • Mierda, la muerte.

 

Fue lo último que pensó antes del desmayo. Cuando vio a la combi venir de frente hacia su ventana en el taxi.

 

Esa mañana no se quería despertar, las sábanas se le hicieron pesadas, el sueño lo venció dos veces más antes de oír la voz de su madre decirle “levántate ya”. Tuvo que salir de la comodidad de su recién estrenada box spring Rosen de dos plazas.

 

Se había comprado la cama luego de reflexionar mucho. Siempre reflexiona para hacer gastos. Lleva diez años reflexionando con irse de la casa de sus padres. Pero si se va, se tendría que comprar un despertador. Aquí su madre le ahorra ese gasto. Y otros más.

 

Llevaba dos meses reflexionando en si invitar a salir o no a la chica gordita de la oficina. Es gordita pero me gusta –pensaba- pero qué dirán los otros. Y en esas cavilaciones pasaron dos meses, la gordita se cansó de sonreírle “así le doy ánimos” –se decía- y empezó a salir con un antiguo compañero de escuela. Instauró una nueva regla contra los romances en la oficina “donde se come, no se caga”. Y lo olvidó.

 

El día que él pensaba invitarla a almorzar, a un buen sitio, cerca de la oficina y a la vez lejos, como para caminar conversando. La vio salir apurada: iba a comer con su nuevo amor. Suspiró y se dijo “por algo será”. Él siempre se resigna y ve señales en todo.

 

Ese día, cuando veía venir a la combi sobre el lado derecho del taxi en el que iba y vio a la muerte conduciéndolo, no tuvo tiempo para encontrarle una explicación. Lo único que le salió fue ese “¡mierda!, la muerte” que no estaban muy bien para palabras finales. Tuvo tiempo de pensar en ello mientras se recuperaba en el hospital.

 

Y es que siempre en situaciones límites se asusta y no tiene chance de pensar en nada trascendente. La vez que casi se ahoga en la playa pensaba “coño, me muero”. Y nada más. Ni un acto de contrición, ni un padrenuestro. Sólo pensaba en la inminencia de la muerte. ¿Así me iré a morir? Cavilaba mirando su pierna enyesada colgando de la pared de la clínica. El seguro es obligatorio, menos mal, porque si se lo hubieran dado a decidir, estaría todavía pensando.

 

Entretenido en sus pensamientos no oyó el saludo del policía que le hablaba. Oyó el carraspeo desesperante, y despertó del ensueño. Traía la foto del conductor de la combi que estrelló el taxi en el que iba. La combi había huido, pero el policía tenía la sensación de que la culpa era del taxi. Era verdad, el taxi metió el carro pensando ser más rápido. Pero no se lo dijo.

 

  • Vea usted la foto a ver si lo reconoce.

 

Un tipo delgado. La piel del rostro le colgaba y parecía meterse dentro de los huesos de sus mejillas. El cabello oscuro le caía en la frente y los ojos negros miraban al infinito sin expresión.

 

  • Mierda, la muerte – pensó- pero sólo se oyó un “sí, es él”, mientras reía con ganas.

 

 

 

Escrito por emevecita

Septiembre 24, 2007 a 9:57 am

Vanitas vanitatis

con 9 comentarios

Llevo varios días adivinando cómo se las arreglará Dios para que este mes, como en el anterior y como en tantos otros desde siempre, no nos falte nada a los de la casa. Principalmente ahora que me he quedado con la completa y total responsabilidad financiera, he gastado los ahorros míos y los de mi madre y no tengo respaldo absoluto. Pero ya que de eso se ocupa Dios, yo me relajo.

Sábado por la mañana, la familia en pleno sale al supermercado porque al nene le gusta jugar en los coches. Y como si los de los supermercados supieran que a mi hijo le gusta, han hecho unos coches que tienen debajo unos autos de juguete, entonces el diablillo se trepa en el auto mientras lo llevan por los pasillos haciendo compras. Yo no estaba lista así que me dejaron. Dos horas después regresan emocionados. En el supermercado se les había acercado una señorita diciendo que el niño es precioso, que si nos interesaría que participe en publicidad. Mi hermano (el único familiar directo en ese momento) recibió la tarjeta y al contármelo me dijo “es obvio, el chico es precioso”.Y es verdad.

Tiene la carita redonda con un punto de barbilla que lo hace delicioso (si tienes chance de besarle la barbilla, como lo hago yo). Los ojos celeste/verdes, dependiendo de la ropa y la luz, el cabello rarísimo con raíces rubias y puntas marrones. La nariz perfilada y una sonrisa que te parece ver a los ángeles del Cielo. No es muy fotogénico y quienes lo conocen sólo por foto opinan que es precioso: en persona es mejor, seguramente porque ves el conjunto. Oír su risa hace que te derritas mientras agradeces a Dios el poder sentir esa inocencia y esa pureza y si por casualidad lo pillas de humor y te da sus besos: es la Gloria.

Cuando va por la calle este angelito blanco/mediorubio/ojicelestes con su pelinegra/ojimarrón madre la gente se me queda mirando. Luego de pensar y analizar deciden que sí soy la madre y no la que lo cuida. Tenemos la misma cara, pero yo soy el negativo (el de las fotos). Una tía mía que no me guarda cariño alguno al verlo me dijo “debe ser igual al padre porque a ti no se te parece nada – y puntualizó, por si yo no me enteraba- tu hijo es precioso”. Y yo ¿qué le iba a decir?

¿Que del padre sólo tiene el pelo y algunas muecas que nadie le ha enseñado pero que parece que vienen en los genes? No le iba a decir que el padre es un blanco/ojimarron que no tiene ni la nariz perfecta, ni los labios perfectos, ni los ojos de sueño de mi hijo. Y si los tuviera, a lo mejor yo no tendría hijo. A mí los hombres muy guapos no me atraen. Me gustan normalitos. Este es gordito y mayor y no es precisamente George Clooney, pero cómo me gusta, sigo pensando en que mejor será no volverlo a ver porque por alguna inexplicable razón desata en mi una pasión que nunca antes había sentido. Pero así y todo, no, mi hijo no es igual a su padre: mi hijo es un muñeco.

¿A quién se parece el angelito? A mi abuelo materno. Y sí, a pesar de que mi madre tiene la piel dorada, el cabello oscuro y los ojos marrones y tuvo que convivir con el hecho de que cinco de sus seis hermanos tienen o tuvieron en su infancia el pelo rubio y los ojos o azules, o celestes o verdes, el nieto le ha confirmado que no era adoptada (como sus hermanos le decían). Mi abuelo materno fue lacio, rubio y ojos azules. Cuando se agitaba o se enojaba o se despertaba aparecía con la cara roja. Era tan bonito que sus amigos le decían que parecía mujer y como tenía esas rosadeces le decían: “colorada”. Ver una foto de mi abuelo sonriente y con el cabello parado es como ver el futuro de mi hijo. Mis tíos maternos están encantados con el sobrino que es “igual a mi padre”. Y es así.

Pero contar toda esta historia a gente desconocida que igual seguirán pensando “esta se lo está inventando, el padre debe ser un gringo tipo Leonardo Di Carpio y ella no lo quiere reconocer”, no tiene sentido. Quizá si el padre estuviera mi lado empujando el coche o cargando al inmenso muchachito, se entendería la explicación. Y decirle todo esto a mi tía que ya tiene problemas conmigo precisamente porque heredé el color pálido de mi familia materna, es como echarle sal a la herida. Así que “sí, es igual a su padre” y todos felices (hasta el padre… a veces… las pocas en las que ha hablado de su hijo).

Bueno, con todo esto que no sé si sea verdad o es que todos los de mi familia estamos obnubilados por el amor que nos despierta el niño o porque todas las viejitas del camino están confabuladas para hacernos creer que el nene es precioso o sea como sea: le creímos a la señorita que se acercó en el supermercado y le dio su tarjeta a mi hermano.

Yo estaba bastante reacia al principio: no me hace gracia que mi hijo sea famoso por bonito. Pero luego pensé “¿y si esta es una forma en la que Dios me manda ese dinero que falta precisamente para llevar al nene al médico?”. Entonces fue que llamé a la Agencia Publicitaria Toma 1 Producciones. Me dijeron “traiga al niño para unas fotografías”. Y fuimos a la calle Dellepiane en San Isidro.

Al llegar, una cosa me parecía extraña: decenas de niños y niñas bonitos (todos rubios, ojos celestes, ya se sabe: el peruano promedio -¡!-) con maletas de ropa, tomándose fotos. A mí me dieron una plantilla (una fotocopia mal hecha que casi no se notaba) y la llené y le tomaron 4 ó 5 fotos en la parte de atrás y me dijeron “eso es todo”. Me sentí un poco timada: nadie me explicó nada. Volví a casa con una sensación de decepción, era evidente que mi hijo era el más pequeño de todos los niños allí y nadie se acercó a tener una cortesía con un niño tan chiquito.

Miércoles por la tarde, llaman a la casa preguntando por la mamá de mi hijo (o sea por mí), pero yo no estaba. Le dieron la noticia a mi madre: “El niño ha sido pre- seleccionado para una publicidad y mañana debe venir uno de sus padres o un apoderado”. Fue mi hermano. El negocio es este: lo contratan para un comercial, el 20% es para la agencia y 200 dólares para el niño. Suena bien (pensé) porque Dios sabe que necesito 100 más para poderlo llevar a la cardióloga.

Pero (aquí viene el pero) resulta que las fotos que le tomaron no sirven, que hay que tomarle fotos “publicitarias” y tienen un “deadline” que es hoy al mediodía. Es decir, el mediodía del jueves te hacen decidir para que antes del mediodía del viernes ellos puedan presentar sus fotos a su supuesto cliente. Pero si el cliente ya lo preseleccionó con las fotos que le tomaron el sábado pasado y finalmente siendo ellos los interesados, deberían facilitarle las cosas al niño … siendo tan chiquito ¿raro, no?

Se pone peor, ellos tienen un fotógrafo (ah, ese gordito con cara de pocos amigos que y vi el sábado y que ignoró a mi hijo) que es “experto” en fotos publicitarias y te cobra (precio especial) 100 dólares. Que lo llevemos a las 4 p.m. a que le saquen esas fotos, para no perder la oportunidad. Que llevemos 10 mudas de ropa clara para cambiar al niño. Así es ¡diez mudas!!! Si mi hijo tuviera disponibles y limpias diez mudas de ropa clara y bonita (como para foto publicitaria) y yo tuviera 100 dólares para regalarle al gordito que no conoce un peluquero ¿para qué diantres me va a convenir hacer ese negocio de publicidad? ¿para ganar 200 dólares?

Y claro, se me vienen a la memoria las decenas de niños preciosos ilusionados (niños grandes que ya se dan cuenta que han sido “pre seleccionados”!!!) entrando con sus maletitas (¡con sus diez mudas de ropa!!) que en una cuenta rápida ese día, le regalaron como mínimo mil dólares al artista. Y luego los niños se sientan a esperar que los llamen para hacer UN comercial de 200 dólares. Si es que los llaman.

Una amiga que tiene unos hijos preciosos (también) hizo las fotos. Son unas fotos muy bonitas, se nota que el fotógrafo sabe su trabajo. Dice ella que valen la pena. Puede ser, pero que no me mientan diciéndome que voy a ganar dinero cuando los únicos que ganan son ellos y yo pierdo tiempo, gasolina y encima me ilusiono. De más está decir que los hijitos preciosos de mi amiga no han sido seleccionados para nada. Se quedó con las fotos bonitas (que pensándolo bien son más baratas que en un estudio). Si yo tuviera la plata, le tomaría esas fotos a mi hijo, para verlas yo y mandarlas a mis amigos: pero eso no es lo que me dijeron y eso me molesta.

Tampoco es justo que lucren con la vanidad de los padres y la ilusión de los niños. Es que de verdad pienso que si hay una agencia de publicidad que quiere un bebe precioso para un comercial, deben ser ellos los que le tomen la foto con su producto y quedarse con la más bonita. ¿Por qué yo debo gastar más de lo que ganaría? ¿para que mi hijo se haga una carrera en el mundo del modelaje? Qué timo.

Y eso pasa… por vanidosa.

Escrito por emevecita

Septiembre 21, 2007 a 9:23 am

Ay qué risa.

con 4 comentarios

Estaba sentada frente al computador, tratando de ordenar unas ideas de algo que quería decir y no sabía cómo hacerlo para no ofender. Mientras sentía en mi pecho brotar un amor inmenso por todas las criaturas. Esperando que todos seamos felices y enviando mi amor al mundo. Sentí la presencia del Arcángel Chamuel con un olor a flores deliciosas. Casi elevada de este mundo físico y conectada a mi ser interior.

Cinco de la tarde. Corrí a la farmacia a comprar una medicina para mi niño. Llego y no tenía la tarjeta que pensaba usar. Tuve que usar otra. Respiré profundamente, me dije que a lo mejor es lo mejor. Que hay que estar relajadas y felices. Tomé las cosas con calma y buen humor, y caminé hacia mi paradero de bus.

Caminaba rápido, pensando que por lo menos haría ejercicio esos diez minutos. Antes de llegar a destino, dos compañeras de trabajo me avisan que estaban caminando allí, que no las había visto, que me detenga a caminar con ellas. Adiós ejercicio. Pero bueno –pensé- la amistad es más importante que quemar calorías.

Subo al bus, todo perfecto, había un asiento disponible para mí. Tomo una decisión ejecutiva y decido bajar unas cuadras antes para continuar el ejercicio interrumpido. Me bajo. Y al cruzar la pista, un bus y dos automóviles invaden el crucero peatonal y se disponen a ignorar la luz verde que me permitía cruzar a salvo. Tomé mi lonchera y le di de golpes al auto más cercano, sin gritar, pero si mis pensamientos tuvieran sonido, habría que censurarlos todos. Y al pasar al lado del conductor de bus le dije “¡animal, aprende a manejar!”.

Dos metros más allá me dije “oye tú, hace no menos de tres horas desbordabas amor por el mudo entero y en este momento si hubieras podido desaparecer con tu mente a esos choferes, lo habrías hecho”.

Es bueno sentir que después de todo sigo siendo humana. Dos pasos más allá me concentré en mandar energía positiva para esos pobres choferes, para borrar las maldiciones que les había enviado. Aún conservo mi capacidad para obnubilarme, enojarme y mandar a la mierda. Ay qué risa.

Escrito por emevecita

Septiembre 19, 2007 a 9:09 am

Escrito en Viaje Intra-Mi