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Tiritas pa’ este corazón partío
La primera vez que leí la letra de la canción me pareció ininteligible, ¿tiritas? No tiene sentido. Es que en mi país, a las “tiritas” se les llama “curitas”, y entonces, aclarado eso, entendí el sentido del “verso”. Cuando oí por primera vez esa canción tenía el alma partida por razones que no son de este blog. Mi vida había perdido el sentido y pensaba en ese momento que no tenía razón para seguir. La canción me pegó fuerte. Y el cantante también.
Yo nunca he sido fanática de ningún cantante. Pero de éste yo estaba enamoradísima. Guapo, español (con ese acento al hablar que me hace no sé qué en las piernas) y además sabía de mi corazón partío, le importaba mi historia porque era su amiga y cantaba que la margarita le dijo no. Cosa que me hubiera gustado hacer en persona, claro está.
Una de mis más queridas amigas de la universidad me regaló el casete del cantante y me lo aprendí de memoria. Hasta que se casó, ahí me di cuenta que no es que cantara bien y que sus versos no es que sean buenos. No es que sea tan guapo y … me mudé de casa, el casete pasó de moda y lo olvidé por completo.
Hasta el martes 13 de noviembre. No sé qué hora era. Gianmarco se estaba despidiendo y yo (una voz entre cuarenta mil) gritaba “no te vayas, otraaaaa”. Cambian las luces, cambia el sonido y empieza Gianmarco “ya lo ves que no hay dos sin tres, que la vida va y viene y que no se detiene, amor…” Desenfreno total. Gianmarco cantaba la canción de mis recuerdos, y era de esperarse que la continuaría cantando el mismísimo autor: Alejandro Sanz.
Había moqueado hace poco recordando que sigo esperando mil rosas. Y que a lo mejor perdí la oportunidad de ser feliz en el amor y tantas cosas que se pasan por la cabeza cuando una recuerda con nostalgia algún amor perdido. Ahora recordaba con certeza el por qué estaba enamoradísima de Alejandro Sanz. Guapo, un poco gordito como me gustan (me gustan más gorditos, pero es cosa de alimentarlo mejor), la misma voz indescriptible que no es que cante bien, es que te hace sentir lo que siente. Tocó guitarra “normal”, guitarra eléctrica (o como se llame) y piano. Se entregó como nadie. Tuvo la confianza suficiente de sudar como un obrero cuando hace su tarea con tesón. Lo sentí tan obrero de su arte, tan entregado, que no pude menos que retornarle mi amor.
Esta vez mi amor es más maduro. Ya no va a ser como antes. No tengo pensado comprar Cds ni nada (acepto regalos, claro). Es un amor añejo, respetuoso. Admirador. Se ganó mi respeto y mi admiración. No se le puede pedir más a una desconocida, aunque también tenga el corazón partío.