Archivo para Septiembre 2008
Rufo…
Ya lo he contado antes.
Éramos cuatro alpinos que vivíamos en la guerra…
Así que un buen día a alguno se nos ocurrió que por qué no nos comprábamos un perro.
Financié la operación y mi madre y mi hermano fueron a buscar al nuevo integrante de la familia (en ese entonces no sabía que se dan en adopción y que uno no debería comprarlos: los 4 eramos totalmente ignorantes en asuntos perrunos).
Llegó Rufito a casa, tan pequeñito, solo un poco más grande que mi mano. Nos amamos a primera vista. Pasé a ser su madre. Si se sentía mal venía a mi, su consuelo era estar en mi regazo y el mío acariciarle las orejas.
Lo lleve al veterinario del barrio, que le trató siempre con cariño. Le compraba y/o preparaba su alimento y lo llevaba a pasear: le tenía mucho miedo a los otros perritos, el médico me decía que eso era extraño, pero nunca les perdió el miedo, parecía sentirse más cómodo con nosotros.
Luego de su primer año, Rufito empezó a ponerse mal. Parecía que le dolía la cabecita. Se pasaba el rato en mi regazo y yo sentía su cabeza muy caliente: como hirviendo. El médico sentenció: enfermedad neurólogica: había que medicarlo como a un humano o sacrificarlo.
Lo medicamos y nos gastamos la herencia de la abuela en visitar a cuanto veterinario famoso conocíamos, y todos coincidieron: si no se curaba con el tratamiento lo mejor era la inyección. Yo de sólo pensarlo me moría.
Todo iba mejor con el tratamiento, ¡qué alivio!
…
Y un día, de la nada, mordió a mi mamá en la cabeza. La pudo matar.
…
Los médicos nos dijeron que si no reconocía a un miembro de la familia la situación se volvería grave para él y para nosotros: nos gastamos una fortuna esperando a uno que nos diga que lo podía salvar. Nadie pudo.
(Se me hace un nudo en la garganta).
Lo llevamos a la mejor veterinaria de Lima y le dimos el mejor fin que el dinero pudo pagar. Lloramos mucho, los cuatro.
(este no es Rufo, pero se le parece)…
Cuando mi niño me acaricia las orejas para dormir o sólo se siente bien en mi regazo, no puedo evitar creer que mi Rufo no se quiso separar de mi y como se lo merecia, el Señor me lo mandó reencarnado en lo que siempre fue: mi hijo.
Y todo esto a raíz del post de Alfonso… y el de Thiago…
Una Pregunta…
¿Es normal que el dolor de la decepción borre todo buen recuerdo?…
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