Lágrimas Inolvidables #NOALMOVADEF

Soy un ser humano extremadamente sensible, un poco absurdamente sensible, tengo la capacidad (el castigo) de ser empática así que los sentimientos de otros me abruman y me contagian, será por eso que mi máxima felicidad son esos minutos de soledad y silencio que regala la vida.

Así que no llevo recuento de mis lágrimas, las derramo por todo, por películas, por canciones, por gente que está pasando problemas y se sienta a mi lado en el bus, por algún amor, por alguna decepción, por algún enojo.

Pero hay lágrimas que he derramado y no estoy dispuesta a olvidar, lloré, como lloró medio Piura hace casi 20 años cuando los enfermos, malnacidos, insanos, locos, dementes, asesinos, criminales terroristas asesinaron al ex alcalde de Piura, Luis Paredes Maceda, dentro de las aulas de la Universidad Nacional de Piura.

Recuerdo mi llanto en esos años cuando a un pobre policía (cuyo nombre he olvidado, ¡Dios! ¡qué vergüenza!) esos mismos criminales mataron lanzándole una bomba en el óvalo Bolognesi, una mañana saliendo a trabajar, y recuerdo llorar desconsolada pensando en sus pobres hijos (chicos de mi edad).

Tampoco me olvido de los llantos de terror cuando me despertó el ruido ensordecedor de dos coches bomba a menos de 200 metros de donde yo vivía, un par de noches de esas en que la gente de mi edad debería estar durmiendo y soñando con angelitos.

Ni de la maldita noche de Tarata.

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No, no me olvido del llanto por el dolor de corazón que sentí cuando otros desgraciados entraron a la casa del Embajador de Japón y capturaron a un grupo de gente de la diplomacia y vida política peruana, por muy mal que me caigan los que estuvieron ahí, la sensación de estar secuestrada fue mía también, y yo también lloré de felicidad cuando nuestros héroes de Chavín de Huántar nos rescataron a todos.

Yo no fui uno de esos niños pobres del país, viviendo abandonado en las punas a merced de los asesinos, viendo masacrar a sus padres, a sus hermanos mayores, violar a sus hermanas, no, yo fui una niña de clase media, y TAMBIÉN crecí con miedo, crecí pensando que todos los autos estacionados frente a la casa eran sospechosos, que todas las personas que me miraban eran malas, que cualquier día me volaban la casa, mataban a mi padre, o a mis profesores, o a mis amigos.

Yo sabía que había que poner cinta adhesiva en las lunas para que las astillas no nos caigan hacia adentro cuando nos pongan una bomba cerca, que había que lanzarse al piso y abrir las piernas para que la onda expansiva pase de largo, yo crecí cuando estos enfermos hacían de las suyas. Yo (por su culpa) siento ira y rabia ciega cuando ellos entran en el juego.

Así que no, no me voy a quedar tranquila, ni yo ni nadie, permitiendo que estos malnacidos se laven la cara en la sangre inocente que ellos regaron, en mi adolescencia aterrorizada, en la pobreza infligida a todo el Perú, diciendo que quieren perdón, olvido y formar un partido político para participar de la vida política nacional.

Aunque sé que su ingreso a la vía legal implica su total y absoluta capitulación, al entrar a un sistema del que ellos renegaban, aún sabiendo eso: no, no los quiero, sigan presos, púdranse en la cárcel y que Dios los perdone si un día creen en Él.

Esas lágrimas no las olvido, no puedo, y siento que no debo.

Y que nadie las olvide, ¡CARAJO!

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