Archive for the ‘Cuando me siento escritora’ Category
Tu Lunar…
Sigo pensando en tu lunar, sintiendo cómo hierve mi sangre al sólo recordar un pedacito de tu piel, pocas células, cabezas de vasos sanguíneos, oscuras, juntas, cerca del final de tu cuello, desafiando, encadenando a las mías, a las de mi cuerpo entero, a millones de células, oscuras y claras, que van desde mi inicio hasta mi final.
Una piel entera, un cuerpo de mujer adulta, encadenada y vencida, por un lunar.
El del final de tu cuello…
Sin Título (por el momento)
Puedo escuchar la ronca agonía de las olas, emitiendo su último rugido antes de morir sin pena y sin gloria en la arena, mojando tus pies. Puedo sentir el olor a sal que me inunda la piel y los huesos. Esta noche, mientras hablamos sin querer hablar. Es curioso, poder escuchar la música de las olas con tanta nitidez, y sin embargo teniéndote a mi lado, tu voz se me confunde, y no la escucho.
Vas a decir –como siempre- que sólo soy capaz de oír lo que me conviene, que mi sordera es selectiva. Pero no te lo sé explicar, y, a estas alturas, me cansa la idea de intentar que me entiendas. Todo este tiempo perdido en peleas y explicaciones, me ha agotado. Cuando en realidad siempre supe que aquí, en donde tus pies se empapan de agua salada y arena, es en donde, sin oírte te entiendo, y, sin mirarte, te amo.
Me pierdo en la pena de pensar que mañana volveremos a la vieja casa en medio de una ciudad llena de ruido y agobios, en donde, quizá no, aunque quizá sí, volverás a los brazos de quien te ofrece menos guerra y más miel de la que yo te puedo dar. Porque mi miel y mi fuego ya no son tuyos tampoco. Son de quien fuera que los quiera, sin reclamos y sin preocupaciones. Sin agotarnos y sin agobiarnos. Y sin pedirnos nada de ese amor tan grande que, pase lo que pase, siempre será solo tuyo.
Siento el susurro de tu voz potente, confundida con las olas, y me digo, quién sabe lo que pasará mañana y si, después de esta noche de sal y humedad, volveremos a despertar para tomar el odiado camino a casa. Quién sabe si todo acabe esta noche. ¿Y si fuera así? ¿Y si este fuera nuestro último instante? Te miro, con los pies mojados, y te beso sin importar qué estabas diciendo (¿qué decías?). No sé si habrá alguien después, pero hoy, ahora, quiero ser sólo tuya. Sin pensar en mañana. Y que el mar nos sea infinito. Por lo menos en la memoria.
Frankenstein
Podria decir que voy a crear el hombre perfecto, tomando los pedazos mejores de aquellos hombres que conozco…
Podría decir también, que este hombre tendría tus ojos, tu sonrisa, tu piel, tu manera de amar, tu voz, tu humor extraño, y hasta tu manera de caminar…
Podría morir si digo que lo único que necesito de otro, es su corazón, porque el tuyo… no sabe amar…
Y muero…