Caja de Sueños

de Emevecita

Abro mi Puerta

En el anonimato casi absoluto hice un blog anterior. Rescato aqui algunas de las cosas que allí escribí:

30 junio 2005

Un sueño

Descanso por el 29 de junio, no sé si alguien sepa que es día de precepto, obviamente yo lo sabía y me da lo mismo saberlo, o no, quizá no es que me de lo mismo, es que me duele más, porque cuando voy a misa me dan ganas de llorar sin parar, sensación de soledad y desubicación (¿existe esa palabra?) y al no ir, pues me evito ese dolor. Es simple ecuación, Dios no debe querer que yo sufra, entonces, me evito la ocasión del dolor, pero me sigue dando pena no tener fuerzas para ir a misa… otro rasgo más de mi complicación.
Media hora de ejercicios para luchar contra mi depresión a la “old fashion”, llorando y rezando para no sufrir más. No pude dormir, a pesar del medio alprazolam de 50 miligramos que me dio la loquera… no tengo plata para volver a la loquera, pero no quiero que me aumenten la dosis, dormiré cuando me canse.
En el poco rato que dormí, tuve un sueño, como esos que tengo a veces que parecen extractos de películas. Había una niña maltratada por su padre, que lloraba y sufría, entonces venía un super héroe a rescatarla. Vestido con casaca de cuero marrón, ropa negra, lentes de sol, un negro guapísimo, un héroe “fashion” dirían los limeños. La casa de la niña era una granja, mejor dicho, una de esas chozas que hay en medio del desierto, en el Bajo Piura quizás… no había plantas, sólo desierto y una casa no muy fea. Dentro de la casa el padre intenta luchar con el héroe, mientras la niña sabe que se va a ir, y sólo piensa en lo mucho que va a echar de menos a su hermanito menor. El héroe no toca al padre, sabe que si le hace daño, la niña sufriría, sólo lo deja encerrado para que podamos huir, yo no sé si era la niña o el héroe o los dos, pero yo estaba incluida en la huida. El héroe deja al hermano menor un regalo, la ilusión de que su hermanita se despedía de él mientras jugaba en el patio. Luego se la lleva, ella sabe que no va a volver. Pude ver el polvo del camino, los autos viejos, el sol brillante. Sentí miedo, pensé que era una película, desperté riendo, creo que riendo fuerte.
Tenía ganas de contarlo a alguien, pero no tengo a quien…

24 julio 2005

Recuerdo de Marinera

Tantan tántantan, tantantantán…

Suena la marinera norteña y mi corazón salta de gozo, quiero bailar, quiero saltar, quiero cantar. Mis ojos lo ven sólo a él, sobre su caballo, danza el caballo de paso y él se deja llevar, sin quitarme los ojos de encima, vestido todo de blanco, alto, delgado, sus ojos negros me regalan su alma, pero me esconden una pena.

Tántantantantantantan.. Tantantantantán..

No es él quien baila ahora, sino una pareja de jóvenes galantes, pero para mí, oir una marinera, es verlo a él, en la escena de siempre, en nuestro único encuentro. Su sonrisa, su elegancia al saludarme con su sombrero de paja, sus dientes blancos, la danza de su caballo, nunca hago nada, nunca digo nada, invariablemente arreglo mi cabello, resalto las flores que llevo en él, y sonrío y lo miro, enamorada, embelesada… Estalla mi corazón cada vez que oigo una marinera y me regala su recuerdo, me parece verlo con su poncho de lino blanco, adornado con cintas de seda, impecable, inigualable, inalcanzable…

Termina su danza, me mira y se va, y quedo allí, parada, mirando cómo se pierde en el desierto, aún enamorada, aún embelesada. Pero se va, irremediablemente, se va, y sólo me queda su recuerdo cada vez que oigo una marinera.

No sé quién es, nunca lo he visto, pero guardo para él mi mirada enamorada, mi corazón entero y mi música del alma…

Lástima que sea sólo el recuerdo de una vida que terminó sin el encuentro final. Lástima que aún no lo he vuelto a ver.
20 julio 2005

Una mancha de café

Una mancha negra sobre la mesa, otra vez derramé el café. Es la poca costumbre de tomar café, dicen. Mis compañeros de trabajo ríen, y río yo, pero me siento tonta, casi no me perdono ese error.

Antes de acostarme me dije “no tomo más pastillas para la gripe”, pero esta mañana reincidí, porque pensé en que quizá si le daba una nueva oportunidad, esta dosis final sí me curaría.

Siempre doy nuevas oportunidades, siempre estoy dispuesta a no juzgar, a haberme equivocado, a interpretar mal lo que entendí, a creerme dramática. Siempre es el otro el que tiene razón, y le creo. Así como le creí a la pastilla que me dijo “tómame y esta vez sí te curo”, así como le creí a aquel que me dijo “te prometo que esta vez será todo diferente”.

Pero no fue diferente, fuimos un hotel y al día siguiente, volvió a no llamar, volvió a desaparecer, llamó a la semana a decirme que él no puede evitar ser como es, y que yo debo entender. No quise entender. Me buscó para decirme que me deje de soñar, que el único hombre en mi realidad es él y que lo tengo que aceptar. No quise hacerlo. No quiero.

La mancha de café sobre la mesa, rebalsó el límite. Pero los días en que me siento sola, en que veo que el hombre que yo amaría está tan lejos de mí, tan en mis sueños, tan en su mundo, y no me necesita, me digo “¿y si lo llamo y le doy otra oportunidad?”.

Algo en mí no lo permite, ¿estoy adquiriendo dignidad?. No lo sé, pero esta vez, por primera vez, me doy una nueva oportunidad a mi, solo a mi. Me regalo la oportunidad de conocer un sitio nuevo, de conocerme a mí en una situación nueva, en un país ajeno, donde todo será extraño. Esta oportunidad es para mí, y me aferro a ella y me prometo que esta vez, no me juzgaré por el primer error, que esta vez me comprenderé, que esta vez tengo razón.

Una mancha negra sobre la mesa del café le pasa a cualquiera, me lo perdono y sigo adelante, aún queda mucho café por derramar.
11 julio 2005

Frutos

Color caoba. Tu pelo me recuerda a la madera, la calidez, el aroma, el amor. Tu piel blanca como la leche, tu mirada profunda, tus cejas negras. Eres linda como el sol, como la luna, como esa estrella. Soy pobre, no puedo aspirar a tenerte, sólo puedo adorarte, pero no puedo seguir haciéndolo en silencio, te lo tenía que decir. ¿Sonríes?

Sonrío, porque no pensé que oiría esas palabras de la boca que tanto adoro, no me puedo contener y te hago callar poniendo mis labios sobre los tuyos. No sé ni cómo ni cuándo, pero te prometo que no tendré otro esposo que no seas tú.

Recostada, con las manos atadas, ¿quién es este extraño que me posee? No grito, sólo una lágrima corre por mi cara, no sé por qué, no he hecho nada más que pensar en ti. Mira, ¿ves? Mi pelo color caoba totalmente despeinado, pidiéndote en silencio que vengas a salvarme. Este extraño me hace suya y deja su semilla en mi vientre. Yo soy sólo tuya y tú no sabes dónde estoy, me han escondido de tus ojos, te han contado una mentira.

Acabó, me grita que soy su mujer, que es voluntad de mi padre y he de obedecer, escucho su voz como un eco, no lo miro, no lo oigo, no lo siento. Sólo pienso en ti, en tu voz, en tu olor, en el azul de tus ojos y en tu pelo negro. ¿Qué me dirás cuando te vea?

Me deja atada, sabe que escaparé. Lo hago. He salido corriendo con su fruto en mi vientre. Tengo que encontrarte y decírtelo. Tienes que saberlo, tienes que saber que te he sido fiel aunque me hayan obligado a entregarme a otro. No lo hice, no me entregué, me poseyó, pero no me entregué. ¿Sabes lo que es eso? Lo sabes, porque sólo me entrego a ti.

Te he encontrado y me has amado. Su semilla dio fruto y lo entregué a su dueño, yo no tengo nada qué hacer, fue concebido contra mi, y lo devuelvo a su dueño. Es tu fruto el que amo, es tu vientre el que deseo. Soy tu mujer, aunque serlo me cueste una herencia. Al final aceptarán que te amo y que me amas. Nada nos separará.

Cargo en mi vientre tu fruto, el que espero con amor. Algo tuyo y mío. Algo nuestro. ¿Qué te pasa? Estás pálido, tienes fiebre ¿qué te pasa? He empezado a vivir cuando te conocí, no me dejes ahora. ¿Qué tienes? No me hables así, no digas que morirás, porque tú eres inmortal. No me dejes sola, mira que tu hijo aún no ha nacido. Espera, no te vayas. Espérame que si te vas, voy contigo. No me pidas eso, no puedo ser fuerte. ¿Tu hijo? Es verdad, no me dejas sola.

Miro perpleja el infinito, el atardecer que no se inmuta, como si no supiera el dolor de no poder partir contigo, y sin respeto alguno por tu memoria sigue siendo bello como siempre, quizá más bello hoy que nunca, quizás porque te ha recibido en sus brazos. Tengo celos del infinito, del horizonte, del atardecer. He conocido la felicidad mientras tú estuviste a mi lado. Fuiste el ángel que alivió mis penas, que me dio el amor que mi alma ansiaba, fuiste mi esposo, mi amigo, mi amante. No puedo quejarme. Aquí quedamos la niña y yo. Ansío volar a tu encuentro, pero ella me necesita. No me olvides. No te olvido.
07 julio 2005

Oasis

Brisa del mar, cielo azul, sol cálido. Conversación amena, una piña colada. Bebí muchas piñas coladas. Me podría pasar el día aquí, pero ya anocheció y hay que volver a la realidad.

Camino con cuidado, la entrada es peligrosa. Un abismo a cada lado, hago malabares para no caer. En la mitad del camino, un empujón. Me puedo caer, grité. El empujón no fue intencional, era sólo el reflejo de alguien que estaba cayendo cerca de mi, me pide ayuda. Si ayudo, me caigo yo. Pienso en la piña colada y en el cielo azul de hace un rato. Quiero ayudar, pero no puedo, estoy resbalando y he de coger fuerzas para salvarme a mi.

No puedo seguir avanzando, pienso en que debí ayudar. Pero he de terminar de cruzar ese camino por mi propio bien, debo llegar al final. Quizá si logro pasar el abismo sin resbalar y sin caer, pueda ayudar a levantarse a quien cayó a mi costado.

¿Cómo hago para quitarme la idea de que hice mal? ¿Cómo hago para seguir avanzando sin mirar atrás?

La piña colada, el sol, la brisa del mar, fueron un espejismo, un oasis para recobrar fuerzas y avanzar.

Camino con cuidado, y me preocupo por cruzar. Al final del abismo el camino no es fácil, aunque se tiene que hacer camino al andar, el terreno se ve firme. Hoy mi camino es este, y quiero dejarlo atrás.

La brisa del mar, cómo me gusta la brisa del mar, cómo me gusta el cielo azul, cómo me gusta el sol cálido y la piña colada. Volverá otro oasis, el camino es más llevadero así. Llevo en el recuerdo ese espejismo, así es más fácil.

La que cayó me empujó, sin querer, sin buscarlo, sé que fue un reflejo, pero me dolió y me ha hecho resbalar. No puedo darle la mano sin caerme yo. Quiero, pero no puedo. Eso me duele más que el empujón.

Quiero que ella viva un momento de brisa del mar, cielo azul, sol cálido, conversación amena y una piña colada.

Si yo pudiera, se lo daría. Dáselo tú, ya sabes que yo no puedo.
05 julio 2005

Viniste

Ahí viene, sobre su caballo, el señor, me mira… me ha fallado y le he fallado a él, ¿por qué después de todo lo que nos hicimos viene a recogerme? ¿me quiso alguna vez? ¿se dio cuenta que yo lo quería? Mi orgullo no dejó que mi corazón hable, su orgullo no me dijo nada. Pero al final de mi camino, es él quien me viene a recoger, con esa estampa que me llena el pecho de amor.

Si ese día en que me llevó sobre su caballo yo le hubiera dicho que no, que se espere, que el ser el dueño de la tierra no lo hacía mi dueño, que yo no me iba a dejar así de fácil, si hubiera ocultado la pasión que mis ojos y mi pecho desataban cuando lo veía, quizá la historia sería otra, quizá debí hacer que me ruegue, a los hombres les gusta rogar, pero no pude… no tuve fuerzas para decirle que no, el solo verlo me volvía loca y el solo saber que él sentía la misma pasión me perdió, me perdí entre sus brazos y lo volvería a hacer ahora mismo, así como estoy, vieja y olvidadiza, lo volvería a hacer.

El mundo supo que quiso a sus hijos, pero no a mí. Se fue con otra y otra más, y a mi me trató como a la madre de sus hijos. Yo no quería ser una madre, yo quería ser una mujer, su mujer, pero no se lo dije, no me iba a humillar, si eso quería él, pues a la mierda, yo no le ruego a señorones, pero me vengué, me vengué cuanto pude, hice lo que pude para humillarlo, para arrancarle celos, para hacerle sentir “algo”, lo que sea, por mi… pero nunca pidió perdón y yo nunca lo volví a mirar a los ojos. El señor visita a sus hijos, pues hijos, vayan con su padre. Adiós.

No fui ni a su entierro y él viene a recogerme al final de mi camino.

¿Sabes que fuiste mi único amor? No sólo fuiste el primero, sino el único, los otros siempre vinieron después. ¿Sabes? yo soñaba con que me vengas a recoger en tu caballo y me lleves a tu casa, la casa que debió ser mía, pero no viniste nunca. No importa, vienes ahora y te acepto, mi corazón traidor no obedeció a mi orgullo, y te esperó siempre. Aunque mi cuerpo se entregó a otros en venganza, y nunca te volví a mirar de la pura rabia que me daba el saberte con otras y el verte hecho el gran señor que no se humilla. Qué te ibas a humillar tú ante una pobre campesina. Pero es a esta pobre campesina a quien vienes a recoger, ¿no?, después de todo, es a mi a quien buscas y te llevas a la muerte. Sobre tu caballo voy, abrazada a ti, porque verte me hace feliz y pasar la eternidad junto a ti es mi cielo.

¿Me hablas? Idiota, me debiste decir estas cosas antes, ¿no tenías el valor? Tenías el valor de dirigir personas y ciudades y no tenías el valor de decirme “te quiero, sé mía y sólo mía”, no quería que me pidas que sea tu esposa, yo sólo quería ser tu mujer, tuya y sólo tuya. Pero te perdono, has venido hoy y me voy contigo. La lucha termina, mi corazón ganó, me voy contigo a donde sea que vayas, has venido por mi, y me voy contigo.

01 julio 2005

Boca roja

Siempre con una sonrisa, la chica más feliz de la oficina. No podría arruinarle el día a nadie, salvo que me hagan problemas, yo suelo no hacerlos a nadie. Diciendo palabras de consuelo y haciendo chistes.
Sola, solita, sin nadie… rodeada de gente.
Vestida de rojo, los labios acentuados con un lápiz rojo, un rojo putón que me hace reír, pero me lo pongo para iluminarme la cara y alegrarme a mí misma de fuera hacia dentro, ya que adentro no hay modo, cada vez que intento, me enredo más.
Se me acabaron las pastillas, y la plata, así que no puedo ir a la siquiatra a que me dé más pastillas, y tengo miedo de que me riñan por “abandonar” la terapia. Así que estoy atada de manos y pies.
Me dicen que si dejo de tomar las pastillas me puede hacer daño, ¿más daño? ¿hay algo que me pueda hacer más mal que el que me hago a mí misma? Me dio risa, una risa fuerte y sincera, “daño”, jajaja, qué más me puede hacer daño a mi, ¿hay un estado peor que el mío? ¿qué es lo peor? No tengo el valor para suicidarme, así que es difícil que lo haga, tengo mucho miedo, tengo miedo a la vida y miedo a la muerte, pero ¿más daño? Qué divertido se me hace. Me hace la misma gracia que ver mi sonrisa en el espejo, mis ojos grandes, delineados, mi boca roja, roja y brillante, cualquiera podría ver mi boca sonriente desde una cuadra de distancia, y no de más lejos porque hay neblina en Lima la gris.
Suena la melodía, “si hay que morir y hay que pagar, nada quedé sin entregar”… yo también lo entregué todo, hasta mi miedo a la vida. Todo, todito, sin nada a cambio. ¿Es eso la vida?

Escrito por emevecita

Marzo 11, 2007 a 5:27 am