Para Kaiser


Cielo, el libro Mujeres que aman Demasiado que me recomendó mi amigo Renato y que avaló  mi amiga Aquilina (Elena) no se trata como tú crees del amor de mujer así a secas, te copio un padacito del prólogo para que te hagas una idea, ¿te parece?

“Cuando estar enamorada significa sufrir, estamos amando demasiado.

Cuando la mayoría de nuestras conversaciones con amigas íntimas son acerca de él, de sus problemas, sus ideas, sus sentimientos (…) estamos amando demasiado.

Cuando disculpamos su mal humor, su mal carácter, su indiferencia o sus desaires como problemas debidos a una niñez infeliz y tratamos de convertirnos en su psicoterapeuta, estamos amando demasiado.

Cuando leemos un libro de autoayuda y subrayamos todos los pasajes que lo ayudarían a él, estamos amando demasiado.

Cuando no nos gustan muchas de sus conductas, valores y características básicas, pero las soportamos con la idea de que si tan sólo fuéramos lo suficientemente atractivas y cariñosas él querría cambiar por nosotras, estamos amando demasiado.

Cuando nuestra relación perjudica nuestro bienestar emocional e incluso, quizá, nuestra salud e integridad física, sin duda estamos amando demasiado”

Se trata de un amor que no es amor, sino casi una obsesión.

Es un libro de autoayuda para mujeres que …. amamos demasiado.

Espero haberte aclarado el panorama, besos

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11 comentarios en “Para Kaiser”

  1. Me ratifico en que el amor no tiene medida. Cosa distinta es que esperemos correspondencia en el amor -el desideratum- o que el objeto de ese amor lo merezca.

    Pudiera ser que no sepamos bien en qué consiste amar, comenzando por amarnos a nosotros mismos.

    Con frecuencia abrigamos la esperanza de reconciliarnos con nosotros mismos sólo cuando alguien destila sobre nuestra alma deshabitada fragmentos de un espejismo.

    A ese alguien decimos amar cuando únicamente le proyectamos nuestro desaliento.

    Si admitimos que cabe en el amor el adverbio “demasiado”, estamos abdicando de lo que nos redime de nuestra mezquina condición humana. No cedas a esa tentación, mi querida amiga.

    Vamos antes a querernos por dentro.

  2. Acerca de lo que escribe Kaiser: yo pienso que sì se puede amar demasiado, y es cuando se aman a los demàs màs que a si mismos. Ya lo sé que suena muy mal: parece un discurso de egoismo, y en cambio es una cuestiòn evangelica. El mismo Evangelio dice “Ama el projimo tuyo como a tì mismo”. No “màs”, sino “como”. Solo Dios hay derecho a amarlo màs que a si mismo. Pero cuando a los demas se aman “màs” que a si mismo (se respetan màs, se consideran màs, se le da màs importancia, etc.) en realidad no se esta amando. No se puede amar a los demàs si no se sabe amar el màs proximo que tenemos, que somos nosotros mismos. El amor autentico se cimienta en el respeto de nosotros mismos, de nuestras limitaciones, de nuestra dignidad. Se ama el otro cuando se comprende que su camino es distinto del nuestro, y no se le obliga, con chantajes emocionales, ni a torcer él el suyo, ni a torcer nosotros el nuestro.
    A los hombres les gusta un poco idealizar demasiado a las mujeres, y su forma de ser, hasta llegar a desnaturalizarlas. Y nosotras -las mujeres- tenemos que resistir a la tentaciòn de adaptarnosa sus aspectativas -de los hombres- por miedo de perder su aprobaciòn. El amor es venir al encuentro el uno del otro. No necesariamente encontrarse a la mitad exacta del camino, pero sì hacer cada uno un esfuerzo por aceptar el/la otro/a en sus autenticas exigencias.

  3. Estoy de acuerdo con Elena.
    Amigo Kaiser tu visión del tema me parece muy romántica. Yo creo que el punto es amar como a uno mismo, y como ya te dije, el libro desde su prólogo lo dice muy claro, no se trata de no amar, sino de amar verdaderamente, no de obsesionarse ni tener conductas autodestructivas en las que muchas mujeres (más que los hombres) caemos…
    Recomiendo el libro, aunque aún lo estoy leyendo

  4. Creo que estamos diciendo lo mismo con palabras distintas. Vamos bien. La pelota, como suele decirse, está en el tejado; el problema viene cuando hay que echar el balón al suelo, como suele decirse también (esta vez en términos futbolísticos, ruego disculpas) y bregar con ese amor entre las trampas que le tiende el día a día.
    Nada deseo más que te aproveche la lectura, mi querida amiga.

  5. Pues efectivamente me parece que estais diciendo un poco todos lo mismo… Cuando te parece que estas amando demasiado, es que realmente eso no es amor, porque el amor (estoy de acuerdo con Kaiser, sin que sirva de precedente….jeje) no admite eso de ‘demasiado’.

    Por cierto Elena, que bien escribes, a ver si se me pega algo, jeje!.

    bessoss

  6. Emevé, he visto tu nueva foto en los envíos de hoy en opuslibros (escribo sobre el limbo) y estás preciosa. Me gustaría ayudarte pero ahora no me es posible, solamente te diré que si multiplicas tus padecimientos por catorcemilmillones puedes hacerte una idea de los míos.
    Lo que sí puedo hacer es enlazar en mis páginas con Emevecito, o con tu foto, o con tu blog, si te parece bien.
    Besitos para “Emevecito de Emevé”. ¡Un hijo nunca es un pecado!

    javier cervigon: http://javiercervigonesencias.blogspot.com/

  7. Javier, gracias a Dios mis padecimientos son casi invisibles comparados con mis alegrías. ¿Qué tal si multiplicamos mis alegrías por catorcemilmillones y te las mandamos envueltas en regalo para ti?

    Espero que veas el sol detrás de las nubes.

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