Cómoda con lo conocido


MujerEn el libro que estoy leyendo hay una idea fundamental (o al menos eso me parece a mi) y es que las personas tendemos a proveernos de las situaciones en las que nos sentimos cómodas, que no son las más óptimas sino simplemente las situaciones conocidas. Y llevamos eso a nuestras relaciones. Así, las hijas de padres alcohólicos, se suelen casar con alcohólicos, las personas que quieren tener relaciones superficiales para no enfrentar temores o recuerdos dolorosos se encuentran entre ellos, en fin.

En mi caso me es difícil no asustarme al leer los casos que expone la autora, pues mi suerte con mi familia es mucho mejor que la de casi la totalidad de sus pacientes. Sin embargo me puse a pensar qué es lo que me llevó a relacionarme con mi última pareja (el padre de mi hijo).

Efectivamente, un tipo profesional, trabajador, casero, aparentemente no tenía nada de malo, me recordaba a mi papá y me sentía tranquila, como “en casa” con él. Y al igual que mi padre, es una persona con poca paciencia, que explota muy rápido y dice cosas que no siente, y sobretodo, es alguien a quien yo no le parecía suficientemente buena.

He tenido un noviete a quien yo le parecía buenísima, guapa, inteligente, se quería casar conmigo porque yo era lo mejor que le había pasado (sin ser él un mal hombre, aparentemente), pero yo no me sentía cómoda con él. Acepté su propuesta de matrimonio porque a mi parecer nadie más me lo iba a pedir nunca jamás (y hasta ahora voy acertando) y porque siendo tan bueno, a lo mejor yo aprendía a acomodarme a él. Como saben que no estoy casada les diré que el supuesto novio mío desapareció en el aire sin explicarme por qué… tan bueno no sería.

En cambio, con este hombre para quien yo no era suficiente, me faltaba adelgazar, me faltaba adaptarme a su patria, me faltaba aprender a cocinar sus comidas, y no era lo suficientemente cariñosa, ni lo suficientemente inexperta, ni lo suficientemente seductora. Eran tales los reproches que una vez lo miré y le dije “pero dime ¿te gusto o estás conmigo por hobbie?, porque hasta ahora no veo que te guste nada de mi”. Y me dijo que sí que le gustaba mucho, pero yo podría ser más linda. “Tú no detienes el tráfico cuando pasas, eres normal, pero con una cara preciosa como la tuya, si fueras al gimnasio serías la mujer que cause la envidia de todos mis amigos. Adelgaza cinco kilos y nos casamos”. ¿Y qué hice yo? ¿Correr hacia otro lado? ¿mandarlo a la porra y esperar a alguien que me quiera tal como soy? No. Yo me metí al gimnasio.

Y es recién ahora que me estoy dando cuenta de eso. Hace poco una persona que no me conoce me dijo cosas que me hirieron. En buen romance, me insultó, y yo reaccioné lo mejor que pude porque estaba íntimamente segura de que me merecía todo lo que me decía y me empecé a reprochar a mi misma en el mismo sentido que sus palabras. Pero algo se despertó en mi y accedí a obedecer a un pequeño grito interior que me decía “defiéndete, no te mereces que te traten mal” (grito que en otro tiempo no habría ni escuchado). Y me defendí, y en ese momento dos personas más intervinieron a decirme que mi reacción (huir de donde me habían insultado y evitar el trato de esa persona que sin conocerme era capaz de herirme) era desproporcionada. No les hice caso, ahora si se me despierta la alerta de un mal trato, huyo hacia el otro lado.

Ya no es fácil que se me diga que soy gorda, que me meto en charcas donde no me llaman, que digo estupideces, que no tengo cerebro o que soy una vieja bruja. Ni siquiera me permito analizar por qué me dice alguien que soy un cactus. Si la persona que me menciona un defecto me quiere, seguramente será capaz de decírmelo en privado y de manera en la que me pueda ayudar a entenderlo y a superarlo, como lo ha hecho mi mejor amiga, que me ha tenido y me tiene mucha paciencia, hasta que yo me dé cuenta de que ella tenía (casi siempre) razón. Si las “llamadas de atención” vienen de desconocidos, con sus propios problemas sicológicos, pienso sinceramente ignoralas además de ignorar a esos individuos. No tengo por qué ser mártir y no tengo por qué pasar por encima de mi, nunca más.

Al hombre que me quiera no le voy a parecer gorda (no sólo porque tengo 7 kilos menos de cuando conocí al padre de mi hijo y si hubiera sido por eso ya estaríamos casados) sino porque le voy a gustar tal como soy. Va a saber entender mi sentido del humor y va a saber enfrentar con elegancia y cariño mi miedo a la intimidad. Lo triste es que alguien así cruzó mi camino y yo no estaba preparada. No vale la pena volver la vista atrás, a lo mejor alguien mejor pasará nuevamente.

Lo importante es aprender a sentirme cómoda en un ambiente en donde se me quiera tal como soy… y a aprender a entender que no importa satisfacer las espectativas de nadie, a no buscar una sonrisa de aprobación, a simplemente ser y sentir como me da la gana, porque no tiene nada de malo ser yo.

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3 comentarios en “Cómoda con lo conocido”

  1. Tienes cerebro, y muy buen amueblado. No eres vieja, evidentemente, y brujo será el imbécil que te lo haya dicho. Y si te llaman cactus a lo mejor será por que pinchas un poco cuando se te acercan. Pero un pinchazo tuyo puede ser preferible a la caricia de cualquier otra.

    Y yo sé de uno que pondrá su corazón en el suelo para que lo pises, la próxima vez que te encuentre.

  2. Amiga, tu siempre has sido y serás una mujer hermosa, no sólo por fuera sino principalmente por dentro y nunca hagas oidos a alguien que diga lo contrario, porque lo más probable es que esté ciego … recuerda que “siempre hay un roto para un descocido”
    Muchos Besos, LUISA

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