Lo que molesta de los otros.


Soy una persona que pierde la paciencia muy rápido. No sé por qué, a mi me gusta que las cosas sean como yo las quiero y que se entienda clarito lo que yo digo. Y cuando no, me obnubilo temporalmente.

Hay una persona (ya no sé si loco o cuerdo, hombre o mujer, casado o soltero) que por alguna razón que yo no entiendo se ha obsesionado conmigo. A mi se me presentó como un chico joven (más joven que yo) de apariencia inteligente, con mucha sensibilidad y me cayó muy bien. De la noche a la mañana, sin que yo sepa muy bien por qué, empezó a atacarme con indirectas … digamos…. ¿baratas?, no sé adjetivarlo, porque sería adecuado decir poco inteligentes (porque lo son), pero no me gustaría que se piense que él (o ella) no es inteligente. Me parece que en el fondo lo es.

Lo de mi poca paciencia iba a que precisamente en los días en los que más enojada estoy o en los que siento más agobio y más necesidad de un amigo que de un ataque barato, me percato de esta persona, y me gustaría darle un par de bofetadas para que me deje en paz. Es verdad, quisiera golpearlo y desaparecerlo. O por lo menos que le entre un virus devastador que le deje sin internet toda una década. Cuando me doy cuenta que no puedo hacer nada, respiro y veo que si me enojo más, más feliz le hago porque le brindo mi atención. Y lo empiezo a ignorar, y me olvido de su existir, y todo vuelve a la normalidad.

Un amigo argentino, guapo y sabio (cosa difícil de hallar) me decía que cuando nos molesta algo de alguien a lo mejor deberíamos cambiar nosotros. A mi cuando me hablan en parábolas a veces entiendo “cero” y a veces entiendo todo. Esta vez fue “cero”. En qué puedo cambiar yo cuando el dinero de mi hijo no llega (2 semanas en espera tensa) y yo no sé muy bien cómo actuar. Es cierto que me molesta que el infeliz ese sea tan irresponsable, mentiroso, patán y pobre diablo. Intento pensar en cómo debo cambiar yo. ¿Debo volverme irresponsable, mentirosa, matonezca y pobre diabla?

Hay días en que una se harta de ser tan civilizada y tan buenita y tan responsable, amanece con ganas de mandar a la mierda a medio mundo y a la cárcel a la basura que contamina mis días. Pero luego digo qué más da. Ya se arrepentirá y se dará cuenta que lo único que hace es cavarse su propia tumba. Su propia soledad. Y me tranquilizo.

Y sigo esperando una mano bondadosa que imponga la justicia. Un Dios que le de un oficio más constructivo a quien gusta de incomodarme justamente cuando lo que necesito es un amigo, y un castigo con todas sus letras al miserable infeliz que me mintió, me miente y a lo mejor seguirá mintiendo porque es lo único que sabe hacer bien.

¿No será que debo cambiar yo y dejar de esperar y ponerme a iniciar demandas legales contra medio planeta? No lo sé. Si en algo he de cambiar será para ser más feliz yo, no para hacerle daño a nadie, no soy así, no pienso empezar a serlo.

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3 comentarios en “Lo que molesta de los otros.”

  1. Estimada…no te hagas bolas, paltas o lo que sea. Como diría la filósofa de mi madre: acá es infierno y gloria. Osea lo que en lenguaje de aquellos “espirituosos” llamarían el karma.
    Tu no tienes por que volverte una mierdita…no no…deja porque todo lo mierda que uno es en esta vida lo paga. Asi que tu “tate tranqui”

    Por cierto ese argentino, amigo tuyo, estás segura que es argentino??

  2. Hace unos años viví dentro de un grupo cuyas peculiaridades llegaban hasta la manera de hablar. Había una frase que se puso de moda: Te castigaré con el látigo de mi indiferencia. Y aunque actualmente no me identifico para nada con ese grupo, sí considero que la frase es útil. Así que haces muy bien en no brindarle tu atención, ignorarlo y olvidarte de su existir.

    Debe ser que en Argentina lo de que si algo no se puede cambiar, entonces hemos de cambiar nosotros, está muy extendido. La misma idea que aquí expones yo también se la he oído a otro argentino, que seguro no es tu amigo guapo y sabio. No es por enfrentarme con las creencias de todo un país, por otra parte, bastante más grande que el mío, pero no comparto esta idea. No necesariamente soy yo el que tiene que cambiar. Quizás yo me plantee cambiar, pero que se plantee cambiar también el otro. Y, por supuesto, coincido contigo, si yo cambio, será para mejorar, para ser más feliz, no para hacerle daño a nadie. Es que, los que somos buenos, ni siquiera sabemos ser malos…..ja, ja, ja.

  3. Hola,

    No entiendo lo que quiere decir Annie con eso de que aca es infierno y gloria sea lo que algunos llaman karma. El karma no tiene nada que ver con eso…

    Lo que si que es cierto es que la vida pone a cada uno en el sitio que le corresponde, asi que en lugar de prever en que sitio pondra a los demas lo que debemos hacer es intentar actuar de forma que a nosotros nos toque un lugar bonito. Pienso.

    Y del infumable ese ya sabes lo que opino…

    Besos,
    isa nath

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