Etiquetas y Anuncio


Acabo de ver un anuncio de una web sobre los “pushovers”. Independientemente del significado exacto de la palabra en mi idioma, me hizo pensar en lo fácil que es etiquetar a la gente: esta es de las fáciles, este es de los que no mata ni una mosca, esta es de las de misa diaria… etiquetas.

 

Hace pocos meses una persona muy querida y que en otro tiempo fue muy cercana, me anunció, a través de un tercero, su embarazo. Lo primero en lo que pensé es en “cómo, si se acaba de divorciar” y al confirmarme que el padre no es el ex esposo, yo dije para mis adentros “pero si ella sabe cómo cuidarse, ¿por qué no lo evitó?”. Esos fueron mis primeros pensamientos, que luego fueron ahogados por la alegría que una nueva vida trae al hogar al que viene y la bendición que es un niño para su madre, sobretodo si es madre soltera.

 

Uno no puede evitar sus primeras reacciones, que son casi como un reflejo, como cuando te golpean la rodilla y la pierna se levanta sola. No pude evitar esos pensamientos, no estoy orgullosa de ellos, pero tampoco hago gran drama, soy humana y es en eso en lo primero que pensé. Y lo olvidé por completo.

 

Hoy, cuando me desvestía para entrar en la ducha, cuando mi pobre cuerpo sentía el fuerte contraste entre lo calientito de mis pijamas y lo helado del ambiente, de pronto, me acordé de estos pensamientos y entendí más que antes muchas cosas.

 

Se espera que una no salga embarazada sola, y si tienes cierta edad (por lo general más de 25), se espera que si no te has embarazado antes, no lo hagas, porque a esa edad debes saber cómo cuidarte, y si lo haces es porque quieres. Y entendí que eso mismo es lo que deben pensar la madre y parientes del padre de mi hijo.

 

Entiendo que eso piensen ellas, entiendo que eso lo piense todo San Fernando en Chile, entiendo que eso lo piense el mundo entero, pero no puedo entender que eso lo piense él. Y me da pena afirmar que puedo perdonar a todo el mundo, pero no puedo perdonarlo a él. Y no sólo no le perdono su mentira, su abandono, su falta de humanidad para querer a la sangre de su sangre, sino que no le perdono que sea tan poca cosa y que se haya dejado llevar por lo que le dicen a su alrededor.

 

Perdono a la madre que le dijo “a los 29 años, esa chica debe saber cómo cuidarse, si se ha embarazado es a propósito”, perdono a la hermana que le ha dicho “esa tipa te quiere sacar plata”, perdono a la amiga que le ha dicho “pídele ADN, a lo mejor ni tuyo es”. Pero el corazón no encuentra el camino del perdón para aquel que sabía por qué no me cuido, que sabía que no sé ni contar los días, que sabía que yo le rogué que se cuide él, que sabía que yo tenía miedo y me dijo que a un niño lo manda Dios y que confíe en él, que él me quería.

 

No quiero ser “de las que no perdonan”, no soy así. No quiero ser tampoco “la que no sabe cuidarse”, porque no es así. No quiero ser “la amargada”, porque tengo todo para ser feliz. Quiero encontrar el camino del perdón, ruego todos los días porque llegue el olvido, no del amor que ya no sé si sentí, sino de la herida profunda de la decepción y de la herida autoinflingida del remordimiento.

 

No, no me remuerde la conciencia por haber hecho el amor con alguien de quien me sentí enamorada y que decía que me amaba; no me remuerde la conciencia por haberme permitido un placer, no; la conciencia me reclama el mal gusto, el no haberme fijado bien en las señales que estaban tan visibles, el no haber sido más inteligente. Esa herida – en mi ya dañada autoestima- es la que duele más y la que no sé cómo curar.

 

Rezo porque un día de estos encuentre el camino de mi sanación, y si alguna etiqueta se me ha de poner, prefiero que sea “la de las que rezan por todo”. Una persona me dijo que ese era mi mayor defecto. Una persona con su vida hecha pedazos, que necesita mentirle a gente que sólo le ha extendido la mano con cariño, una persona que vive sola (a ti te digo, sigo rezando por ti, y si ese defecto mío va a hacer que yo no me parezca a ti, me alegro más. Yo no quiero estar lejos de los que amo, yo no quiero mentirle y herir a gente que me quiere, yo no quiero estar sola. ¿Por qué no rezas tú también?), pero yo no creo que sea cierto… y sigo rezando.

 

La otra etiqueta que se me ha de poner es “Emevecita es de las que toman vacaciones”, porque me voy 15 días. A mi regreso nos re- encontramos. Feliz verano para los del norte, abríguense mucho, mis hermanos del sur.

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2 comentarios en “Etiquetas y Anuncio”

  1. hola emeve:

    mientras veo pasar una tarde lluviosa de sábado, comencé a leer tus escritos en opuslibros y quedé prendado de tus opiniones, y bueno de tu humanidad.

    porque entre a opuslibros? mi hermano fue numerario y sufrimos muchas de las cosas que alli se muestran. Hoy es feliz haciendo cosas nuevas en su vida.

    me gustaria entrar en contacto contigo, no se qué foros frecuentas o a que horas…

    puedes escribirme a mi correo electrónico.

    sobre el comentario en cuestión, valoro mucho tu valentía como madre soltera y coincido contigo en que debemos quitarnos las etiquetas de encima.

    un abrazo cariñoso.

    enrique

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