Pantalla Plana


Pantalla plana, cuchumil pixeles, precisión, algo de líquido que no entiendo. Se me cierran los ojos. Una película antigua. Un galán rubio con arrugas en la frente le dice a la chica en bikini que la ama. No le creas- le digo- todos los hombres, todos mienten, todos.

– ¿Entonces ya lo besaste?

– ¿A ese salvaje? Ni hablar.

Mi voz suena muy convencida. Estoy segura que no lo besé ni lo besaría. Luego respiro, y me pregunto ¿a quién? ¿de qué habla esta? Ahora me cuesta recordar quién es ese salvaje al que no he besado ni besaría. Río. Qué historia me inventé ahora. Volteo y veo a mi desconocida amiga en bikini, distraída, con su cabello rubio y ondulado revoloteado por el viento, jugando en la arena con su hija. Qué bueno que la amamantó, la leche materna es mejor.

– Pero ¿qué idioteces piensas?

Mi propia voz me grita ahora. Mierda. Estaba dormida. Me doy cuenta que me he dormido cuando oigo mi propia voz criticándome por creer que mis sueños son realidad. Respiro la noche limeña de julio, humedad y frío. Debe estar lloviendo afuera.

– La lluvia limeña de julio es una ridiculez, esa no es una lluvia que se respete. Una lluvia es como las del verano en el norte. Esas sí son lluvias, sí señor.

– Sí pues, pero los limeños le llaman lluvia y como no hay otro nombre, yo le digo lluvia de julio. Y ya.

Ahora peleo con mi hermano menor, que disfruta sentirse extranjero en la ciudad en la que vive. Me da rabia que sea tan terco. Porque finalmente si yo le quiero decir lluvia a la limeña garúa invisible que se siente hasta en los huesos – principalmente en los huesos -, ese es mi problema, no el suyo.

Mierda. Otra vez estaba soñando. ¿Por qué peleo tanto en mis sueños? Critico mis propios sueños mientras ocurren. Así quién mierda va a querer soñar. Carajo, ¡cállate de una vez!.

– Liar, you’re a liar.

Es la película, lo sé. Y ya no ocurre nada ridículo, ni una playa en mi sala de estar con dos bañistas desconocidas que leen mis pensamientos, ni mi hermano sentado sobre su camioneta azul despotricando contra los limeñitos.

Una sala mediana, un televisor con una tecnología moderna que no entiendo ni me interesa, un sofá de cuero negro. Los juguetes regados en el piso me devuelven a la realidad, o al menos eso creo.

Siento en mis oídos las palabras de amor. Es la película- pienso. Mi cuerpo caliente, arropado cómodamente en una frazada de colores alegres, se resiste a salir del sofá. Se siente tan bien estar así ¿Y si me quedo aquí?

Mis orejas siguen atentas el ritmo de las palabras de amor que se oyen a lo lejos. ¿La película no era en inglés? ¡Chuta!. Le dije que iba a la cama cuando acabe la película. Es que la he querido ver desde siempre – le mentí, ¿por qué le mentí?. Mierda, lo dejé esperándome en la cama mientras yo me armaba de valor. Sólo yo necesito valor para ser feliz. ¿Sólo yo?

– ¿Terminaste de pelear?

Me conoce. Me toma de la mano y me guía a la habitación. La decoré yo misma, todo lo que hay allí lo elegí yo pensando en nosotros dos. Sonrío. Estoy despierta. Los dramas y las peleas, van detrás de la pantalla plana. Por fin.

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