Un Copy&Paste


Quiero compartir un extracto de un texto largo, que me emocionó mucho al leerlo. Estos consejos dados para una experiencia concreta nos pueden servir a todos.

Extracto de ¡Viva la diferencia y un poco de sano hedonismo! Por VadoVía, publicado el 8 de agosto de 2007 (en http://www.opuslibros.org/nuevaweb/modules.php?name=News&file=article&sid=10453)

(…)

Que la vida nos depara sinsabores, cruces si queremos llamarlas, es cierto y lo que el señor nos prepara es a vivir esos acontecimientos de frente –con las menores quejas posibles. Pero simultáneamente quiere nuestra plenitud, nuestra salvación aquí y ahora que es la otra cara de la medalla: nos quiere ver gozar de la vida. Y cuando nos equivocamos, no quedarnos en la culpa psicológica que nos paraliza, sino que entremos en el arrepentimiento (lo verdaderamente religioso) y a cambiar, a cambiar pero tratándonos bien.

Y con un optimismo de “animal sano” los entusiasmo, sin pan-hedonismo- a ser gozadores de la vida. A ser un poco hedonistas. Sin desequilibrios pero ser gozadores de la vida y hacerlo muy unidos a Dios. Los animo a “sentir”. Los animo a olvidarse de las neurósis de los sentimientos de culpa por gozar. Que maravilla Dios mío es sentir: por ejemplo sentir la ducha caliente y fría en la espalda, según la temporada del año. Sentir que el agua fuerte me pegue en la espalda o en el cuello; sentir el placer de bañarse con un shampoo fino, comprar uno más caro y sedoso de vez en cuando; sentir tú amor en una mañana con sol; sentir el sol en la espalda, desnudo en una terraza donde nadie me ve más que Dios; sentir que la sangre corre por mis venas; sentir el placer de una ostra pasando por la garganta; de un vino blanco frío y seco; sentir el placer de arrancarse del trabajo con un amigo y jugar tennis mientras todos trabajan; sentir el placer de amanecer a mediodía un sábado y nuevamente el domingo; sentir el placer de una amistad profunda en que uno se abre de par en par, y el otro también; sentir el placer de ver las estrellas en la noche tirado en las hierbas que ensucian mi camisa y unos grillos se me suben a la cabeza; sentir el placer de la sorpresa de un vagabundo al que le doy 50 euros, a sabiendas que se los consumirá con un par de amigos en alcohol y que antes del alba, ya no quedará nada de dinero; sentir el placer de sentarme en una plaza y conversar con un vagabundo al que puedo contar todo y al que puedo en algo aliviar sus penas, oyéndolo, sin intentar cambiarlo como predicador evangélico (no tengo nada contra ellos); sentir la felicidad de ver niños jugando en la calle; sentir la felicidad de haberse dado un “almorzotón”, comiendo en exceso con par de amigos y volver – a sabiendas que mi mujer me recriminará- a las 6 de la tarde; sentir la felicidad de tomar de vez en cuando un poco en exceso y volver “alegrón” a casa; sentir el placer de ponerse una camisa nueva; sentir el placer de mi cuerpo restablecido después de dormir siesta larga un sábado después de una semana llena de trabajo; sentir el placer de ver un amanecer; sentir el placer de bañarme en el mar; sentir el placer de la ver la felicidad de mi mujer al regalarle algo que he comprado excediendo mi presupuesto; el placer se sentir el amor de Dios; el placer de una gran carcajada; el placer de revolcarme con un amigo, luchando como niños pequeños y que a continuación mi mujer me reprenda por traer la camisa descosida; sentir el placer de alegrar un perro acariciando su nariz; sentir el placer de rezar el laudes temprano, y hacer oración contemplativa mientras me tomo un café y me fumo un cigarrillo; sentir el placer más infinito al tragar la hostia consagrada a sabiendas de que soy indigno como todos los seres humanos pero que quien entra en mi es mi Dios y me quiere en mi verdadero yo; sentir el placer de acelerar imprudentemente el automóvil en un lugar apropiado, con las ventanas abiertas y sentir el vértigo de la velocidad (no exageremos) con el viento que dios nos da; perder el tiempo en la oficina conversando con un amigo sobre la vida; sentir en el abrazo con un amigo como el me sana con su abrazo bien dado y yo a él; en fin sentir los sentidos que Dios me dio (…)

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