Ay qué risa.


Estaba sentada frente al computador, tratando de ordenar unas ideas de algo que quería decir y no sabía cómo hacerlo para no ofender. Mientras sentía en mi pecho brotar un amor inmenso por todas las criaturas. Esperando que todos seamos felices y enviando mi amor al mundo. Sentí la presencia del Arcángel Chamuel con un olor a flores deliciosas. Casi elevada de este mundo físico y conectada a mi ser interior.

Cinco de la tarde. Corrí a la farmacia a comprar una medicina para mi niño. Llego y no tenía la tarjeta que pensaba usar. Tuve que usar otra. Respiré profundamente, me dije que a lo mejor es lo mejor. Que hay que estar relajadas y felices. Tomé las cosas con calma y buen humor, y caminé hacia mi paradero de bus.

Caminaba rápido, pensando que por lo menos haría ejercicio esos diez minutos. Antes de llegar a destino, dos compañeras de trabajo me avisan que estaban caminando allí, que no las había visto, que me detenga a caminar con ellas. Adiós ejercicio. Pero bueno –pensé- la amistad es más importante que quemar calorías.

Subo al bus, todo perfecto, había un asiento disponible para mí. Tomo una decisión ejecutiva y decido bajar unas cuadras antes para continuar el ejercicio interrumpido. Me bajo. Y al cruzar la pista, un bus y dos automóviles invaden el crucero peatonal y se disponen a ignorar la luz verde que me permitía cruzar a salvo. Tomé mi lonchera y le di de golpes al auto más cercano, sin gritar, pero si mis pensamientos tuvieran sonido, habría que censurarlos todos. Y al pasar al lado del conductor de bus le dije “¡animal, aprende a manejar!”.

Dos metros más allá me dije “oye tú, hace no menos de tres horas desbordabas amor por el mudo entero y en este momento si hubieras podido desaparecer con tu mente a esos choferes, lo habrías hecho”.

Es bueno sentir que después de todo sigo siendo humana. Dos pasos más allá me concentré en mandar energía positiva para esos pobres choferes, para borrar las maldiciones que les había enviado. Aún conservo mi capacidad para obnubilarme, enojarme y mandar a la mierda. Ay qué risa.

Anuncios

4 comentarios en “Ay qué risa.”

  1. El espíritu de lo que cuentas, no la anécdota precisamente, me pasa a mí un momento sí y otro también. En casi todos los órdenes de la vida.

    Afortunadamente somos humanos, como tu dices. Yo creo que lo importante es comenzar continuamente. No sentirse uno instalado para siempre. Vamos, como la vida misma.

    Yo digo alguna vez a mis amigos como ejemplo; “Era una persona tan perfecta, tan perfecta, que tenía hasta defectos”

    Besicos.

  2. Dale gracias a tu ángel de la guarda. Podrías haber tenido un grave accidente.
    Este tráfico caótico lo sufrimos todos.
    Al final la medicina llegó a tu hijo, que es lo importante.

  3. Es verdad Huascarán, le doy gracias a Dios porque pude quedar como estampita en la pista. Y pensar que sólo envío amor al mundo, jajaja. El nene no tiene nada grave solo un resfrio…

Cuéntanos qué piensas...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s