Pensativo


 

 

  • Mierda, la muerte.

 

Fue lo último que pensó antes del desmayo. Cuando vio a la combi venir de frente hacia su ventana en el taxi.

 

Esa mañana no se quería despertar, las sábanas se le hicieron pesadas, el sueño lo venció dos veces más antes de oír la voz de su madre decirle “levántate ya”. Tuvo que salir de la comodidad de su recién estrenada box spring Rosen de dos plazas.

 

Se había comprado la cama luego de reflexionar mucho. Siempre reflexiona para hacer gastos. Lleva diez años reflexionando con irse de la casa de sus padres. Pero si se va, se tendría que comprar un despertador. Aquí su madre le ahorra ese gasto. Y otros más.

 

Llevaba dos meses reflexionando en si invitar a salir o no a la chica gordita de la oficina. Es gordita pero me gusta –pensaba- pero qué dirán los otros. Y en esas cavilaciones pasaron dos meses, la gordita se cansó de sonreírle “así le doy ánimos” –se decía- y empezó a salir con un antiguo compañero de escuela. Instauró una nueva regla contra los romances en la oficina “donde se come, no se caga”. Y lo olvidó.

 

El día que él pensaba invitarla a almorzar, a un buen sitio, cerca de la oficina y a la vez lejos, como para caminar conversando. La vio salir apurada: iba a comer con su nuevo amor. Suspiró y se dijo “por algo será”. Él siempre se resigna y ve señales en todo.

 

Ese día, cuando veía venir a la combi sobre el lado derecho del taxi en el que iba y vio a la muerte conduciéndolo, no tuvo tiempo para encontrarle una explicación. Lo único que le salió fue ese “¡mierda!, la muerte” que no estaban muy bien para palabras finales. Tuvo tiempo de pensar en ello mientras se recuperaba en el hospital.

 

Y es que siempre en situaciones límites se asusta y no tiene chance de pensar en nada trascendente. La vez que casi se ahoga en la playa pensaba “coño, me muero”. Y nada más. Ni un acto de contrición, ni un padrenuestro. Sólo pensaba en la inminencia de la muerte. ¿Así me iré a morir? Cavilaba mirando su pierna enyesada colgando de la pared de la clínica. El seguro es obligatorio, menos mal, porque si se lo hubieran dado a decidir, estaría todavía pensando.

 

Entretenido en sus pensamientos no oyó el saludo del policía que le hablaba. Oyó el carraspeo desesperante, y despertó del ensueño. Traía la foto del conductor de la combi que estrelló el taxi en el que iba. La combi había huido, pero el policía tenía la sensación de que la culpa era del taxi. Era verdad, el taxi metió el carro pensando ser más rápido. Pero no se lo dijo.

 

  • Vea usted la foto a ver si lo reconoce.

 

Un tipo delgado. La piel del rostro le colgaba y parecía meterse dentro de los huesos de sus mejillas. El cabello oscuro le caía en la frente y los ojos negros miraban al infinito sin expresión.

 

  • Mierda, la muerte – pensó- pero sólo se oyó un “sí, es él”, mientras reía con ganas.

 

 

 

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