La ciudad de mis … temblores


Pasada la una de la mañana, la suscrita extasiada por Rigoletto (ya hablaré más) y comentando con dos amigos el suceso de pronto volteo enojada “¡tú me has pateado la silla” la respuesta “¿cómo se te ocurre?”. Volteo a la mesa del costado y dos chicas solas aterradas me miran, les leo los labios la temida palabra “TEMBLOR”. Chuta, sí. “No hay problema, cambio de clima” dice mi amigo. Asiento y sigo tranquila.

Siete y cincuenta de la mañana, remezón de mi cama. Agarro con un brazo a mi hijo (que está allí desde las siete) y lo levanto. A la calle. “Terremoto” grité. Siendo las 10 y media creo que ya me pasó el temblor del cuerpo.

No fue terremoto.

Breves minutos atrás, mi adorada madre, mi progenitora, la que me trajo al mundo, me dice “hija, han dicho que preparen un maletín no sea que haya uno más fuerte”. Trato de tomarlo con calma “madrecita no se pueden predecir los terremotos”. Pero visto visto el 15 de agosto… me voy a alistar la maleta.

Y ya otro día les cuento sobre la ópera.

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