Chicos, ¡Soy Noticia!


(Advertencia: esto sí trata sobre mi historia en el Opus “dei”, yo creo que da curiosidad así que la recomiendo leer, pero en todo caso, ya están advertidos, es sobre “numerarias” y esas cosas raras).

El amigo Enrique Perez Amez, autor de “Reflexiones a las Orejas del Burro Felisario“, ex cura del opus (cura diocesano que entró luego a la sección de curas que tiene el opus que se llama “Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz o SSS+”… ver más) tiene una web (www.enriqueperezamez.com) y ha decicido publicarme a mi como noticia 🙂

Así que quien quiera leer mi historia en la web de Enrique, a “pinchar”  AQUI

Pero claro, aquí les dejo un extracto 😉 como para crear expectativa…

1. De mi Ingreso al Opus.

Nací en la gris Lima hace 32 otoños (aquí mayo es otoño), desde muy pequeña tenía inclinaciones espirituales, léase que buscaba a Dios y le hablaba y lo aprendí a amar. No tuve una formación “católica” intensa, mis padres casi no iban a misa y si bien mi mamá me enseñó a rezar al Ángel de la Guerda, mi visión de Dios era más personal y cercano que eso de ir a una enorme iglesia a confundirme entre la multitud. Cuando conocí el opus me alegré montones porque yo podía rezar en un oratorio pequeño, sentarme adelante, comulgar todos los días, hacer oración y encima seguir siendo de las más listas de la clase. Así que sumada mi búsqueda de Dios a mi alegría enorme por conocer la piedad, el resultado fue que mi confesor (cura numerario) me dijo que yo había nacido para ser Numeraria. Me asombró un montón que Dios elija a una chica tan joven e inexperta (tenía yo 17 años) pero me lo creí completo. Y le dije que sí. Esa misma tarde (sin dudarlo y sin pensarlo, porque además me dijo que toda duda que me surja vendría del diablo) me fui a pedir la admisión. La directora me confirmó que ella, el consejo local y el cura veían mi enorme vocación, yo le dije que si ellos que eran expertos lo veían, yo (mísera adolescente) no lo dudaba y me mandó a dormir con la expresa indicación de no decirle nada a nadie y de que deseche cualquier duda porque la duda viene del diablo. No pude dormir: el diablo actuaba (jaja).

Al día siguiente, a las 3 de la tarde, este pechito peruano, con pluma fuente escribía “Querido Padre” a un lejano Don Álvaro, y algunos borrones y correcciones después, salí de Dirección y me encontré a un comité de bienvenida que me abrazaba y enseñaba a decir “pax” (continuar leyendo)

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