Historia de una Lucha.


Él estaba en el ambiente, ella lo percibía a través de cada célula de su cuerpo, de manera inexplicable y atormentadora. Una energía desconocida la invadió y no hablaba de nada, ni a nadie. Él estaba cerca y ella lo sintió en la piel.

 Sus consejeros le dijeron que reaccione y cambie ese comportamiento extraño, tan impropio de un líder de su  aza. Pero ella no podía, era inevitable, una energía desconocida la movía a portarse diferente, sin determinar bien por qué. Ella no sabía que él estaba en el ambiente, pero podía respirarlo, olerlo y perder el control.

Cuando ella supo que él estaba en sus fronteras, sintió miedo –los de su raza siempre lo tienen- y no quiso acercarse a él porque no quería que vea (él, que siempre pareció despreciarla) cómo se comportaba cuando su energía se cruzaba en su camino. Recordó el rechazo que la marcó y volteó la espalda.

Ella quiso olvidar, hacer como que no pasaba nada. Logró engañar incluso a los de su raza, a sus consejeros, a sus hermanos y a ella misma. Parecía más cuerda, más enfocada y más normal, sin volverse loca con sueños de piel y de caricias que no son propias de los suyos.

Entonces todo estalló. Un mal rato, un mal entendido, una sinrazón fue convertida en una guerra. Dos civilizaciones se enfrentaron y destruyeron. Se dijeron y se pensaron cosas que incendiaban campos, arrasaban con vidas, contaminaban océanos. A ella le tocaba dirigir el combate y lo hacía con rabia y con obsesión. Sin preguntarse a qué se debía ni cuál era su bandera.

Cansada de guerrear, fue a visitar al viejo consejero isleño. Ashtok, dime – gimió ella- cómo hago para detener lo que he causado. El hombre – que ya no era tan viejo, ni tan hechicero, ni tan isleño- la miró profundamente a los ojos y ella conoció la respuesta.

 Cuando él recibió la nota que provenía del castillo odiado y temido, que había devastado a su pueblo, agotado a sus soldados y cercenado sus riquezas, no podía recordar la cara de ella con claridad. En sus recuerdos era solo una nebulosa, una mentira, un “en qué estaba yo pensando” (un “menos mal”). Miró la nota con desprecio, (debe ser una trampa… y aunque no lo fuera), y la lanzó al fuego. Intuyendo que la guerra había acabado y la vida empezaba de nuevo.

 Al atardecer, en una habitación del castillo, una mujer dejaba de sentir la energía extraña que la llevó al desvarío. Esa tarde dejó de sentirlo en el ambiente y respiró el aire de la libertad. Algunos dicen que caía una lágrima en su rostro mientras vaciaba de rosas el lecho que ella misma preparó. Al salir, sopló una vela. Estaba oscuro.

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