Una de Miedo


Como respuesta a mi propuesta (ver la entrada anterior) Driver (que es un genio… capo le diríamos aquí) ha aceptado y se ha puesto a escribir, también se ha anotado Moneypenny que ya antes ha escrito maravillas con Driver y la historia va así:

CUANDO SE VA EL SOL (1)

Preámbulo.

Al anochecer, cuando el sol ya se ha retirado, el mundo de las sombras y de los miedos se extiende por tu alma.
Aquello que a la luz del sol es nítido y rotundo, se vuelve lastimero y turbio.
Las anécdotas se convierten en pesadas lápidas.
Y con tanta oscuridad, los pensamientos se cargan con sombrías cargas.
Dado que la mitad de nuestra vida ocurre de noche, hubo que buscar un método para resolver estas oscuras circunstancias.
¿Pero cómo?
Encendimos, velas, antorchas, farolillos. Necesitábamos cualquier cosa que nos diese un poco de luz ante la incertidumbre de la noche. Y sobre todo un poco de luz ante el recuerdo de esa muñeca y de sus cabellos rojos como la sangre. Queríamos borrar esa imagen de nuestras pequeñas cabezas pero no lo conseguíamos ni armando el mayor alboroto de la historia de esa casa. Ni gritando como lo que éramos: niños.
Parece que gritando fuerte consigues acallar los malos pensamientos. Pero no fue así.
De repente se apagaron las velas, las antorchas, los farolillos….
De repente se apagaron todas las luces menos una…..

Era la luz de la Luna llena.
Arrojaba un manto de leche blanca a través de la ventana.
Si dejabas que te diera su luz sobre la cara, podías degustar un punto de miel en su luminosidad pegajosa.
Nos acurrucamos juntos en el fondo de la estancia.
Un amasijo de niños asustados, temblorosos, acobardados.
¡Parecíamos adultos de lo desconcertados que andábamos!
Tan torpes, temosos y desconcertados como los adultos.
Esos seres enormes y responsables, que a la primera que salta, se nos vienen abajo con temores y consejitos.

¡Nosotros al fin y al cabo teníamos serias razones para estar atemorizados!

No sólo éramos nuevos en la fiesta de la vida, sino que encima, era la primera vez que nos enfrentábamos al miedo.

En éstas, un relámpago lejano zizazgeó una décima de segundo por nuestras retinas.
Precediendo al inconfundible y terrible trueno.

¡ BROOOOOOOOUMMMM !

¡La abuelita está roncando! dijo la más pequeña e inocente de todos, aquella que pensando en jugar tomó sin permiso la muñeca de ensangrentado pelo, negra como aquella noche, y aterradora como los ronquidos del sueño más profundo de la abuela.
Los gritos y alaridos se podían oír en todo el balneario, pero ¿se oirían en la casa abandonada, construida sobre rocas peladas cortadas por el aire? Las miradas sonámbulas se dirigieron a esa dirección a ver si los relámpagos mostraban su cara, a ver si sus fauces se abrían para tragarse a estos pequeños navegantes, a ver si quedó quieta o si adquiriendo vida vino detrás de los ladronzuelos de sus tesoros.

Lo que pasó a continuación no es fácil de describir, pues el terror suele borrar los recuerdos y convertirlos en pulsos nerviosos y alocados.
Tan solo apuntar que las sombras corrieron en tonalidades grises por todo el páramo, que el viento y las extrañas voces provenientes de las oquedades, se confundían en una extraña y grotesca canción desesperada.
Conforme corrían los niños hacia ninguna parte, tropezaban en los pedruscos invisibles y caían sobre la tierra húmeda.

Miedo en estado puro.
Ese miedo que te rompe primero por dentro, y luego por fuera; como si fueras una fruta madura.

Así, que cuando la prima Ángela, la más pequeña, se puso a gritar que conocía la solución frente al miedo, nos dispusimos a escucharla.

Al fin y al cabo era nuestra mejor opción.

Mejor dicho, nuestra única opción.

Ángela, con ocho años recién cumplidos, nos dijo con voz firme: …

“Solo tenemos que concentrarnos y despertar”

Si quieres participar de la creación hazlo en el blog de Driver:  y a ver qué nos queda al final.

 

Hablando de qué nos queda, y de historias de miedo, me quedo con una frase que recoge José Luis Sampedro (qué sabio) ante la pregunta de qué puede hacer una familia en época de crisis, esa frase es: “en mi hambre, mando yo”. Y va como respuesta a esta serie de amenzas y de miedos que nos meten, miedo al presente, miedo al futuro, como si la única salvación posible fuera aferrarse al pasado, a un modelo que ya caducó, que estuvo bien en un tiempo y que ahora ya no va más (y se ríen de los mayas: el mundo, señores, ya se acabó, los castillos feudales están derrumbados).

Miren este video que nos compartió C.S. y que no tiene pierde.

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2 comentarios en “Una de Miedo”

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