Premeditando un Encuentro


(Capítulo 4 de “Algunas Gentes“)

Despertarme a las 5 de la mañana para ir al gimnasio. Escucho las quejas de Fernanda, mi mujer. No hay nada más desmotivador que escuchar quejas. No pasa nada, desactivo el oido y sigo mi rutina.

Ya en el gimnasio el entrenador me confirma que a la rubia de pilates le gusto. Ya está. Algo en qué entretenerse. Anoto en la agenda mandarle flores.

Hora de trabajar. Preparo las clases primero y luego veo con el equipo los temas pendientes. Yo soy el de las ideas, que ellos preparen el resto.

Quedé con Martha en almorzar. Ambos sabemos que no comeremos nada quizá coma algo después. Le digo a mi secretaria que me pida algo para mi regreso. Su sonrisa cómplice me anima. Sonrío de vuelta. Le gusto, pero está vieja. La elegí vieja precisamente para poder trabajar concentrado.

La agenda esta llena de reuniones, sigo dando ideas: que los otros hagan las cosas. Luego llego al despacho y reviso que hayan hecho lo que yo dije.

Salgo a dar clase de 6.

A las 8 en casa a cenar con mi mujer y mis dos hijos por fin cansados y callados.

Fernanda, amor, recuerda no llamarme cuando trabajo, debo proyectar una imagen de seriedad y que mi mujer me llame a controlarme no me ayuda en mi carrera.

Salgo a las 9 :debo reunirme en el despacho con el equipo que sigue trabajando.

En realidad, la de pilates me espera.

Todo bajo control.

Hasta ese sábado de shopping con Fernanda y los chicos, me gusta malcriarlos un poco y les compro lo que les provoca un par de veces al mes.

En la zapatería una mujer madura. Qué piernas. Me puse loco. Hice de todo para que me mire. No volteó ni una vez.

Escuché a la cajera decir su nombre cuando pasaba la tarjeta de crédito.

Hermelinda Del Águila.

Te voy a encontrar. No sé cómo, Lima es enorme. Pero te voy a encontrar.

(Ir al Capítulo siguiente)

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11 comentarios en “Premeditando un Encuentro”

  1. Definitivamente….no me gustaría llamarme Fernanda. Ni tener dos hijos con un marido que vaya al gimnasio, que nos compre zapatos y que sea….. el de las ideas.
    Definitivamente…….no.

  2. Completemente de acuerdo, Money. Me caen fatal los tipos así por capullos y abusones. (No pongo los calificativos que realmete quiero poner porque luego Marga me cita a mí cuando quiere escribir malas palabras). Y también me caen fatal las que se enrollan con ellos por insolidarias y ladronas (yo, es que el sexto mandamiento lo considero un epígrafe del séptimo…una es así de estrecha).

    1. C.S. te animo a seguir diciendo malas palabras, y en este blog (que no sé por qué siempre te pone en “espera”) puedes decirlas (y yo citarte, claro).
      Los tipos así caen muy mal: cuando los descubres. Pero son “el marido ideal” cuando no tienes ni idea.
      Las insolidarias y ladronas a veces son tontas de capirote. Viene el “marido ideal” a decirle que “se ha separado” y a contar historias de terror de la malvada del cuento.
      Como te digo: caen muy mal cuando los descubres, y eso suele ser demasiado tarde.
      AUNQUE de algo debe servir que haya tanta literatura sobre lo crápulas y mentirosos que pueden ser algunos hombres, si andas por el mundo sospechando de todos, seguro te libras de uno :-))

  3. A mi el gilipollas ése me produce asquito. C.S. Tranquila, ahora la malhablada soy yo, pero es culpa de Marga que nos pone en situación… jajaja.
    Buagggg machistas asquerosos que sólo son capaces de ver más allá de su ombligo para fijarse en tetas, culos, piernas o dinero.
    Menos mal que al final siempre acaban sólos.

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