Gaviota viuda


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Se miraron a los ojos, la imagen que esas pupilas reflejaron no era la suya. Lo miró fijamente y no sabía quién era. Se fijó en el mar. Se perdió en el vaivén sereno de las olas. Ellas sí la conocían.

El extraño seguía hablando y sus palabras se convertían en viento. Lo dejó soplar. No lo interrumpió. Lo vio desnudo y sin disfraz. Con el cadáver tibio sangrando a su costado. Sólo sintió asco.

Pidió auxilio a las olas que se apiadaron de ella convirtiéndola en gaviota. Voló lejos. El viento de la boca del asesino seguía soplando y el cadáver se enfriaba irremediablemente.

La empleada levantó la mesa. El extraño la invitó a salir. Le dio un abrazo falso y un cumplido hipócrita. El muerto quedó allí, desangrado y solo. Sólo ella lo vio, sólo ella lo lloraba.

Herida aún, sigue siendo una gaviota. Y el mar la cobija cada tarde, mientras ella olvida.

Olvida el día en que el hombre que amó murió a manos del extraño que realmente era.

La gaviota viuda vuelve cada mañana al mar. No tiene a donde ir.

” los suspiros son aire y van al aire/ las lágrimas son agua y van al mar” (G.A.B)

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21 comentarios en “Gaviota viuda”

    1. es “dime, mujer, cuando el amor se acaba…” y ya dijiste el resto 🙂
      qué lindo que te gustó, era algo que llevaba en el alma y necesitaba sacarlo de alguna manera, así que se me ocurrió un cuentito corto, y oye, es mejor que atiborrarse a helados (que por cierto sigo a dieta, que yo a verano llego regia flaca y bombón asesino total jajaja)…

  1. Lo importante en estas ocasiones es dejar el muerto en paz, no intentar hacerle la RCP, pocas veces funciona.

    Reconozco que si no es por el final no había entendido ni leches de la historia.

    Besos hermosa.

    1. yo opino como tú QD, hay que respetar el ciclo de la vida, al muerto se le entierra, si se le quiso mucho, se le llora, y luego a seguir viviendo, que eso de RCP y leches, no sirve de nada.
      besoteeeee…

  2. Es realmente muy penoso ver agonizar al amor en nuestras manos… Sangra la herida que nunca cierra… Nace el duelo de un alma entre dos mundos… Abrimos los ojos y todo aún permanece oscuro…

    Abrazos,

  3. Frase a frase, el relato me ha llegado al corazón. Admirablemente escrito y plagado de aciertos: desde el principio “se miraron a los ojos, la imagen que esas pupilas reflejaron no era la suya”, hasta el final: “la gaviota viuda vuelve cada mañana al mar. No tiene a donde ir”.
    Para rematarlo, al final has sugerido uno de mis poemas favoritos de Bécquer.
    Sobresaliente.

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