Señores Pasajeros (reescritura)


 –       Discúlpame que interrumpa tu lindo viaje y tu linda conversación, voy a cantarte una canción, pero para que no digas que vengo con las manos vacías, traigo caramelos dos por cincuenta, cuatro por un sol.

La despeinada niña, saca de la bolsa de plástico negro un pedazo de madera redonda con muescas pequeñas y un peine. Hace la prueba rápida de sonido, y empieza la música.

Apenas abre la boca para cantar. Se siente un zumbido melancólico, cansado y un poco aburrido de subir todos los días a todos los micros a cantarle a todos los señores pasajeros damas y caballeros, interrumpiendo todos los lindos viajes y todas las lindas conversaciones ofreciendo los mismos caramelos horribles, a dos por cincuenta y cuatro por un sol, como si nadie más supiera hacer la suma.

–       Ahora pasaré por sus asientos, ofreciendo este delicioso producto golosinario, dos por cincuenta, cuatro por un sol. No me ignores ni me desprecies. Una moneda no te hará pobre, ni a mí me hará rica.

Como parte del paisaje natural del transporte público capitalino, pasa la niña por el pequeño pasadizo que dejan los pasajeros en el bus, se hace espacio, empuja, ruega, suplica, lloriquea. Echa bendiciones y lastimeros susurros dependiendo si le compran o no los horribles “productos golosinarios” de a dos por cincuenta y cuatro por un sol.

Viste un abrigo artesanal que alguna  vez y en alguna piel fue nuevo, usa el cabello largo y tiene la nariz congestionada, no por efectos de la estúpida costumbre limeña de hablar como si tuvieras tapada la nariz, sino por una serie de gripes mal curadas, de levantarse temprano en las mañanas frías y húmedas, y de caminar todo el día con su cantaleta tan usual, tan normal, tan peruana.

Fuera del bus, en la gris ciudad, caen gotas imperceptibles de lluvia que no se sabe por dónde llegan, pero enfrían y humedecen todo. Y el húmedo frío se cala en los huesos, sobretodo en los huesos pequeños de una niña que a sus diez años no está jugando con sus amigos, o haciendo sus deberes, sino interrumpiendo lindos viajes y lindas conversaciones para aturdir a aturdidos limeños con una música difícil de tolerar y unos caramelos incomibles.

Y para cada viajero, esto no es más que parte del paisaje.

(Originalmente publicada en https://emeve.wordpress.com/2007/07/13/senores-pasajeros/ y publicada por la revista Dulce Arsénico en http://dulcearsenico.blogspot.com/2007/12/margarita-verdeguer.html)

Anuncios

14 comentarios en “Señores Pasajeros (reescritura)”

  1. Me gustan tus pequeños relatos Marga, éste concretamente es muy emotivo y tristemente forma parte de la realidad, en Lima y en otros lugares.
    Me ha gustado la frase que emplea la niña para vender su mercancia, digna, elegante, y triste “No me ignores ni me desprecies. Una moneda no te hará pobre, ni a mí me hará rica.”
    Besos, guapa

  2. Retrato de una escena que por desgracia se puede observar en muchas sociedades, ¿si el futuro son los niños?, qué futuro espera a sociedades así.
    Relato impresionante.
    Un Abrazo 😦 .

Cuéntanos qué piensas...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s